Jorge W. Álvarez | Montevideo
@|Con una frecuencia que no tiene precedentes es posible ver en algunos dictámenes fiscales expresiones de este tenor: “no obstante ciertas desprolijidades e irregularidades…”, invocadas cuando se trata de investigaciones sobre contratos administrativos. Como la muletilla se va haciendo carne en algunos dictámenes del fuero penal, importa formular algunas precisiones en honor al rigor jurídico exigible en estos casos.
Transcribo: “sin perjuicio de algunas actuaciones irregulares y reprochables, no resultan suficientes para tipificar el injusto”. Otra: “desprolijidades administrativas, pero no delito”. Otra: “pudo haber habido desprolijidades administrativas, pero ninguna de relevancia penal”. Y otras por el estilo.
Se perfilan en este clisé literario dos tendencias que conviene encarecer a los efectos de evitar su proliferación.
En primer término, la incursión fuera de competencia que hacen ciertas fiscalías al aplicarse a examinar contratos administrativos, precedidos de una denuncia política. Y esto no corresponde. Porque la regularidad de los contratos administrativos, es decir, su ajuste a la legalidad, está asignada a órganos jurisdiccionales especializados, con jueces que dominan la materia.
Con esas incursiones en competencias ajenas cuando se denuncian contratos administrativos sin saber por qué, es decir, al voleo, lo que se está proponiendo es una subespecie de inquisitio generalis, eso que los americanos llaman expedition fishing.
Es decir, hurgar en el caso hasta encontrar algo. No se sabe qué, pero igual hay que seguir con el ritornello. Fue lo que pasó con la denuncia sobre Puertos-K. Natie, sometido el contrato a las horcas caudinas de dos investigaciones sucesivas, con resultado cero.
Y es aquí donde aparecen las “desprolijidades y las irregularidades que no constituyen delito”. La desprolijidad pertenece al lenguaje coloquial y no tienen ninguna significación jurídica. Es como no decir nada. Y la irregularidad, si no se precisa en qué consiste el apartamiento de la regla, resulta también una invocación vana. Literatura ripiosa, podríamos llamarla.
Quizás, ambas sean un tipo de consuelo para que los denunciantes no se vayan con las manos vacías. Otra explicación no encuentro.