Dr. Carlos Sarroca Solé | Montevideo
@|En una nación se lucha para ser mejor si hay educación y respeto a los valores básicos humanos.
Hay decisiones influyentes en la comunidad asociadas al esfuerzo personal e independiente donde innovación e inventiva son indispensables; habiendo desarrollo intelectual que habilita pensar para triunfar. Curiosidad e ingenio partiendo de un impulso, de una ilusión o como se la defina, poseyendo la voluntad.
Es un camino donde habrá inconvenientes a superar con ímpetu y tenacidad. El fracaso no es el fin sino la búsqueda que puede derivar el curso para conquistar un resultado u otras soluciones. Mientras, los mecanismos de colaboración hacen crecer ideas y destinos; no sepultando presunciones sino determinando cómo aprovecharlas. Un conjunto de motores del progreso donde la cooperación ayuda a vencer, al no enclaustrarse al sometimiento, ni manuales de dependencias y falta de competitividad de una dirección única, coercitiva, atentando con la autonomía de pensar y hacer. Es la rivalidad que faculta a luchar y abre vías de progreso; no sistemas colectivizados, quienes, con su desaliento, llevan al camino de la servidumbre, sin futuro, con estancamiento e incapacidad.
El hombre nació libre y no puede aceptar limitaciones que hostiguen su desarrollo con justificaciones impuestas por el supuesto bien supremo. Con principios dirigidos a recluir y dominarlo, coartando la superación del libre emprendimiento, aquel que deja hacer y avanzar. Asimilemos ejemplos tan presentes que lo confirman: el sacrificio tiene recompensa y no dependencia.
Así empezó la Nación, mientras el estatismo echó por tierra a ese creativo y su oportunidad de avanzar por sí mismo atrapado en el sometimiento a reglas y decisiones arbitrarias. A la decadencia hay que enfrentarla con astucia, inteligencia ilustrada para erigir un país con futuro, hecho por su gente y su trabajo. Sin esperar ni seguir a los fracasados e ilusionistas que hablan y no hacen, ni son ejemplo.