W.Y. | Montevideo
@|Desde hace bastante tiempo muchísimos uruguayos pedíamos esa coalición que llevó al país a un cambio político para alejar a un gobierno de izquierda que, entre unas y otras cosas, nos dejó deudas cuantiosas, deterioro económico por errores increíbles de corrupción (encubiertos por el silencio o las clásicas bombas de humo) que fueron desarrollados, en definitiva, contra la ciudadanía. Con el inicio o ingreso de una gran masa popular liberada al mundo de la droga, que hoy ha avanzado en el comercio internacional y se sienten como paladines del narcotráfico, asesinando y amedrentando con mensajes para que se les respete.
Todo esto, sin dejar de ver grupos empoderados casi dueños de sindicatos plenos de ideologías ajenas (Rusia, Cuba, Venezuela, Palestina), embanderados con insignias extranjeras y empecinados en cogobernar con un sistema tal que mantiene a sus autoridades por tiempo indeterminado, sin dar opción a otros trabajadores competentes - que los habrá- cuando todos deberían ser elegidos cada cinco años sin derecho a reelección inmediata.
Pero hoy, tomándose atribuciones que no les corresponden, con rubros que proceden quizás de sus trabajadores, brindan apoyo en medicamentos y alimentos a algunos de aquellos países en nombre de nuestro pueblo que ni siquiera los votó; y sí, muchos coterráneos necesitan que esa ayuda les sea brindada acá en esta Patria.
Además, no hay formaciones de maestros y profesores que no aprendan primero sus leyes sindicales y políticas foráneas, que luego derraman en sus alumnos; y así va la educación.
Y estos son acicates más que fuertes para no titubear, para tomar decisiones que importen a la gente ya descreída de la política; que se esconde en sus casas con miedo a esta delincuencia desatada que parece no tener límites en un país tan chico como Uruguay, hoy carente de rumbo.
Entonces, no cabe otra idea que no sea la de unirnos más, hacer que esa coalición crezca y se convierta en Partido, en que cada quién manteniendo sus principios e historias se disponga a luchar de una buena vez de manera mancomunada, solidarizándose bajo la azul y blanca única, y no otra, para liberar al país de esta mediocridad que tan mal nos define en el mundo.
Pero no se puede dudar, separados somos pocos; y no como hicieron ciertos irresponsables bajo el riesgo de perder terreno (como en algunos departamentos del interior en que primó su banderín personal y no el razonamiento), y así perdimos todos.
Es necesario tomar bajo un estandarte común la puesta en marcha de una campaña política cruda, marcando todas y cada una de las falencias que se manifiesten. Porque la prueba está que hoy el gobierno deliberadamente no hace otra cosa que pretender echar por tierra todas y cada una de las obras, que fueron muchas y buenas, de la administración anterior.
Basta de torpezas, es preciso avanzar y permitir que el sentido común prime.
¡Unidos venceremos!