ACUPI | Montevideo
@|Cuando no se sabe de qué se está hablando. Cuando el odio le gana a la razón. Cuando no existe más que el ansia de pegar sin saber a quién, dónde o porqué, mientras la multitud ruja y apruebe. Allí, existe un grave problema.
Cuando se trata de temas tan sensibles, reivindicaciones tan largas y penosas en colectivos tan grandes, siempre existe la posibilidad del desborde en sí y por sí mismo. Basta una mala idea para empañar tantas buenas ideas, intensiones y manifestaciones.
¿Por qué no se dio un discurso de solidaridad con las mujeres sin rostro?
Por las chicas judías que sufrieron el abuso más cobarde y feroz en actos indescriptibles de crueldad, tortura y muerte. Por aquellas que callan, aquellas sin voz, esas que viven el calvario de no contar, de no ser. Esas que son cambiadas por camellos o reciben palizas permitidas y promovidas por gobiernos dictatoriales que empoderan esposos abusivos que, en muchos casos, están casados legalmente con niñas que en nuestro pequeño mundo uruguayo aún juegan con muñecas.
Porque la demanda, la “lucha” y las marchas son por ellas, ¿no?
Por todas las “ellas” de este mundo. Las oprimidas, las que no pueden ir o hacer paros y movilizaciones.
En estos tiempos donde nos jactamos de la globalidad, mientras aquí se condena la barbarie de un piropo, un poquito más allá se hacen manuales acerca de cómo corregir mediante golpes a la esposa descarriada. Se alude a un dicho popular que dice “los puños del esposo son dulces como las pasas”.
Centremos el foco allí, donde realmente está. Sin bombos ni platillos, sin política, sin desnudos, sin niñas rasgadas. Usemos las únicas herramientas que nos caracterizan y nos hacen verdaderamente libres: la inteligencia y la razón.