Juan Pedro Arocena | Montevideo
@|En 1978 Vietnam (comunista) invadió Camboya (también comunista) y derrocó al régimen de Pol Pot, poniendo fin así a uno de los pocos genocidios (1.8 millones de personas en una población total de 7 millones) reconocidos universalmente. Los partidos comunistas pro soviéticos apoyaron la intervención y los pro chinos la condenaron. No por estar a favor o en contra del derecho internacional sino porque Vietnam se había alineado con la URSS y Camboya con China comunista. Desde luego, que la ONU y las democracias occidentales condenaron la intervención, aunque también condenaban el genocidio de Pol Pot. Unas y otras… meras condenas. Mientras tanto, la matanza continuaba. Finalizó (a Dios gracias) por una intervención militar violatoria del derecho internacional. Diría Mujica: lo político por encima de lo jurídico, sólo que aquí, aplica.
Slobodan Milosevic murió preso en 2006 responsable de genocidio y crímenes de lesa humanidad en la guerra de Bosnia, Croacia y Kosovo. La OTAN, en 1999, intervino militarmente en el conflicto con bombardeos sin haber obtenido la autorización del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas. Rusia, China e India condenaron la intervención protagonizada por las democracias occidentales.
En su columna de “El País” del 20 de abril de 1999 el Dr. Julio María Sanguinetti expresaba al respecto: “Está en juego, finalmente, el concepto de lo que entenderemos por ´soberanía´ en el siglo que viene. Cabe recordar que no se trata de un concepto expansivo, sino limitado. La soberanía se mide más como excepción que como regla. Si el Estado es soberano en el orden interno, sólo lo es en la medida de los límites al abuso del poder. Confundir ´soberanía´ con el uso y abuso ilimitados del poder es negarle a la soberanía su fuente misma, que es la voluntad popular. ´El Estado soy yo´, dijeron Luis XIV y numerosos presidentes latinoamericanos. ´La soberanía reside en el pueblo´, dijeron Rousseau y todas las constituciones latinoamericanas. Después de las terribles experiencias del siglo que muere, no cabe duda que la soberanía es inseparable de la democracia. La soberanía de la tiranía se ha convertido en un contrasentido. De allí que, ante las amenazas del mundo dominado por la lógica global especulativa, la única respuesta para defender la soberanía interna sea, como lo señala Norberto Bobbio, aumentar el número de Estados democráticos y democratizar el sistema internacional en su conjunto”.
El Derecho Internacional es invocado por tirios y troyanos. Todos ellos oportunistas, teóricos de una idealidad que en los hechos se hace cómplice de horrorosas situaciones que se sitúan en las antípodas de todo derecho. Y desde luego que también es enarbolado por sus contumaces violadores. Por caso, Vladimir Putin condenando la intervención americana en suelo venezolano; un personaje que lidera un proceso bélico expansionista (por cierto, lejano de todo concepto humanitario) con varias conquistas de territorios soberanos y que, en la guerra de Ucrania, es responsable de medio millón de muertos y casi 2 millones de bajas.
También es falso el manido argumento de que los países chicos como Uruguay, sólo podemos aferrarnos al derecho internacional como protección de nuestra integridad nacional. Afirmar semejante extremo denota hipocresía bienpensante desde el momento en que aferrarse una entelequia carente de la fuerza coercitiva que la haga aplicable resulta lo mismo que agarrarse del pincel. La última coyuntura en la que Uruguay vio amenazada su integridad territorial fue en la crisis de las plantas de celulosa (2005 – 2007). Llegada la situación de facto, ¿el Derecho Internacional constituyó una garantía para nuestro pequeño país? No. La garantía provino del pedido de ayuda militar que el presidente Vázquez solicitó al presidente de los EE.UU., George W. Bush.
Si estamos verdaderamente a favor del derecho internacional y de su real vigencia no podemos invocarlo para defender estados fallidos tomados por el crimen organizado como Venezuela, eternas dictaduras ominosas como Cuba o fundamentalismos teocráticos, supremacistas, misóginos, homofóbicos y manifiestos partidarios del exterminio de las naciones vecinas como Irán. ¿Derecho internacional a la hora de impedir que el poder nuclear quede en manos de Alá y sus intérpretes? ¡Haceme el favor!