Juan Pedro Arocena | Montevideo
@|Poco y nada tiene que ver el libre mercado con la posición a la derecha del presidente de la Asamblea de los que votaron a favor del veto real en la Francia de 1789 y que, en ciencia política, constituye el origen de los términos izquierda y derecha.
Por el contrario, todo lo que apunta a una mayor libertad debería ser un valor de las izquierdas si nos atenemos a aquel episodio de los inicios de la Revolución francesa, en donde el veto real significaba un intento del poder absoluto del monarca de detener el avance de la libertad.
Si fuéramos consecuentes con la anécdota que da origen al término “derecha”, sería lógico aplicárselo no sólo al fascismo, al nazismo, al falangismo y a las teocracias sino a todo tipo de autoritarismos y dictaduras. Claro que en 1789 K. Marx no había nacido.
Mientras el socialismo fue utópico y se pretendía que surgiera espontáneamente desde la buena voluntad de la gente, le pudo caber el término “izquierda”. Luego el marxismo inventó lo que dio en llamar “socialismo científico” e impuso una forma de pensar que encierra en sí misma una contradicción al considerar a un tipo de tiranía absoluta (la dictadura del proletariado) como la quinta esencia del pensamiento revolucionario de izquierda.
Fracasada la revolución socialista, la nueva izquierda pretende acercarse al socialismo a partir de un proceso de manipulación de los mercados impuesto desde un poder político democrático. Hay que reconocerle a la izquierda haber consolidado el concepto, también falaz, por el que todo lo que contradice sus postulados es ya “la derecha”. Y es precisamente allí donde, aún incurriendo en nuevas contradicciones, se hace caer al libre mercado dentro de la derecha política.
Sin embargo, en materia de comercio exterior, el proteccionismo (contrario por definición al libre mercado) está en los programas de gobierno tanto de izquierdas como de derechas.
Asimismo cabría preguntarse si cuando en las últimas décadas del siglo pasado, Den Xiaoping se propuso sacar a 800 millones de almas de la pobreza extrema y lo logró apelando al mercado y abandonando el colectivismo; si tan titánica proeza es atribuible a las izquierdas o a las derechas.
Algunos datos. The Heritage Foundation y The Wall Street Journal han elaborado un Índice de Libertad Económica en base a factores tales como el respeto al derecho de propiedad, integridad política, eficiencia judicial, moderación de la carga fiscal y del gasto del gobierno, salud fiscal, facilidad de hacer negocios y libertades de: trabajo, política monetaria, comercio, inversión, finanzas.
Los 12 países que encabezan el ranking superan el índice de 75 (en 100). En ellos viven 95 millones de almas y su PIB promedio supera los U$ 60.000 per cápita, lo que equivale a unas 5 veces el promedio mundial. De esas 12 naciones, 9 también encabezan la lista de democracias plenas que elabora The Economist (con un indicador igual o superior a 9 en 10). Integran ambas listas 4 países nórdicos (Dinamarca, Suecia, Noruega y Finlandia) de proverbial desarrollo humano, bienestar social y distribución de la riqueza.
En Sudamérica, los dos primeros puestos de libertad económica lo ocupan Uruguay y Chile y en total analogía con lo que sucede en las 9 naciones de alto desarrollo capitalista mencionadas, encabezan en el continente los rankings de PIB per cápita y democracias plenas. En particular, Uruguay ostenta, en Sudamérica, también la mayor distribución de la riqueza.
Los países que se encuentran más lejos del libre mercado son Cuba, Venezuela y Corea del Norte. En ellos la pobreza tiende a generalizarse, y las libertades a desaparecer. Como sabemos, son países gobernados por la izquierda, con lo que se termina de distorsionar el concepto original que la definió como integrada por los sectores políticos que abogaban por una mayor libertad. Otro tanto sucedió con el término “progresismo”.
Ambos son ejemplos de una temeraria y exitosa apropiación de expresiones que en su momento se asociaron al avance de la libertad y que hoy, convenientemente manipuladas por la hegemonía reinante, sirven para prestigiar el camino a la servidumbre.