@|La investigación de urgencia a propósito de una denuncia de “espionaje” realizada por los senadores Carrera y Bergara explana un procedimiento bastante raro en el orden jurídico, lindante en algún tramo con lo grotesco. Brevemente expuestas, las “rarezas” serían las siguientes.
En primer lugar, la denuncia estuvo precedida por dos visitas de los denunciantes al propio Director General de la Fiscalía, Dr. J. Gómez, quien los habría recibido con las deferencias del caso. Y la TV esperando en la puerta. En cualquier proceso, los jueces deben abstenerse de “de dar oído a cualquier alegación de las partes” que se haga por fuera de los cauces normales (art. 94, num.2º de la ley 15.750). Por similitud de funciones, creo que es enteramente aplicable a los fiscales, particularmente a su Director General.
En segundo lugar, los denunciantes exigieron que se les considerara “víctimas” del supuesto espionaje y lo consiguieron. Se dio así la curiosidad de que hubo víctimas ofendidas antes que hubiera delito ni indicios que lo vislumbrara (79.1 CPP).
Y en tercer lugar, abierta la audiencia, los denunciantes no pudieron aportar un solo indicio del supuesto acecho (llamado por ellos “apriete”, en lenguaje mafioso) que hubiera perturbado la tranquilidad de sus vidas, a pesar de la insistencia de la fiscal al respecto. Un verdadero papelón, vista la encumbrada prosapia de los denunciantes. Más aún, la fiscal Fossati les explicó que explorar la vida de otros no constituye delito y puso por ejemplo su propia vida.
Se denunciaron hechos falsos y su puso en movimiento un procedimiento indagatorio, a sabiendas de su resultado. Cualquier parecido con la simulación de delito es mera coincidencia.