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Déficit Fonasa

Contribuyente inquieto | Montevideo
@|Se ha informado en estos días que el déficit del Fondo Nacional de Salud (Fonasa) alcanzó en el primer semestre de 2026 una cifra récord:aproximadamente $13.400 millones, equivalentes a unos US$ 339 millones. El dato merece atención, pero sobre todo exige analizar qué hay detrás de ese resultado.

La primera precisión es conceptual. Que el Fonasa registre un resultado negativo creciente es inquietante. El sistema fue concebido de manera solidaria y contempla que Rentas Generales cubra las diferencias entre sus ingresos específicos y el costo de las prestaciones.

Entre las causas pueden señalarse el envejecimiento de la población, la mayor utilización de los servicios sanitarios y el avance de la medicina, que incorpora medicamentos, tecnologías y tratamientos cada vez más sofisticados y costosos. Son factores que, en buena medida, resultan difíciles de evitar.

Pero existe otra pregunta que no debería quedar fuera del análisis: ¿se están utilizando con la máxima eficiencia posible los recursos de los que ya dispone el sistema?

Los datos del BPS muestran que aproximadamente dos tercios de los egresos corresponden a las instituciones mutuales, mientras que ASSE representa cerca de una quinta parte y el Fondo Nacional de Recursos alrededor del 12%.

Esto justifica examinar, entre otros aspectos, los costos administrativos, las compras de medicamentos e insumos, la productividad de los recursos humanos, la utilización de infraestructura, la eventual duplicación de estudios y procedimientos y las diferencias de costos entre instituciones para prestaciones similares.

No se trata de afirmar que exista despilfarro sin demostrarlo. Se trata de incorporar al debate una dimensión frecuentemente menos visible: la auditoría de gestión. Una cosa es controlar que los recursos se gasten conforme a las normas; otra, mucho más exigente, es determinar si se utilizan eficientemente y si producen los mejores resultados sanitarios posibles.

Por ello, frente al déficit récord de 2026, la discusión no debería limitarse a cuánto dinero adicional necesita el Fonasa. También debería preguntarse cuánto podría mejorar el resultado mediante una administración más eficiente de los recursos existentes.

El desafío no es simplemente gastar menos en salud, sino conseguir que cada peso destinado a la salud produzca el mayor beneficio posible para la población.

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