Roberto Alfonso Azcona | Montevideo
@| El BCU acaba de lanzar un “paquete inédito” para frenar la caída del dólar, con el sector agropecuario en el ojo de la tormenta. Pero, ¿es esto una solución real o solo un parche improvisado que huele a desesperación? El 27 de enero de 2026, el BCU anunció una reducción agresiva de la Tasa de Política Monetaria en 100 puntos básicos, llevándola al 6.5%, junto con señales de intervención directa en el mercado cambiario y una reunión extra del Copom en marzo.
Todo esto, según su presidente, son medidas “extraordinarias” para contrarrestar una inflación por debajo de la meta (un ridículo 3.65% en 2025) y una apreciación del peso impulsada por la debilidad global del dólar. Sin embargo, para los productores del campo, esto no es más que una curita barata que remienda pero no arregla el desastre que se avecina.
El maquillaje de la inflación está cayendo por su propio peso, revelando la cruda realidad de un atraso cambiario que asfixia a los sectores productivos. Como regla inquebrantable de la economía, cuando el dólar se desploma, hoy en mínimos históricos de alrededor de $37.45, los productos importados se vuelven absurdamente baratos, inundando nuestros mercados y desplazando la producción local.
¿Quién paga el costo?
Los agricultores, ganaderos y lecheros uruguayos, que pierden competitividad en las exportaciones. Los operarios uruguayos ven cómo el empleo se evapora irremediablemente, frente a trabajadores en Brasil, Argentina o China, donde los costos son más bajos y las monedas no están artificialmente infladas, nuestros productores no tienen chance.