El Ciudadano | Montevideo
@|Ejemplo trágico de cómo una dictadura puede perpetuarse a costa de la libertad y la prosperidad de su pueblo.
Desde 1959, el régimen castrista se sostuvo como parásito de la URSS, recibiendo miles de millones en subsidios encubiertos a través de precios preferenciales para azúcar y petróleo barato, lo que le permitió sobrevivir sin generar riqueza propia; tras el colapso soviético en 1991, Cuba entró en crisis profunda, revelando su dependencia estructural.
El régimen no solo exportó ideología revolucionaria a Latinoamérica, inspirando guerrillas y movimientos de izquierda, sino que también envió mercenarios (o “internacionalistas”) a conflictos en África y América Latina, promoviendo inestabilidad en nombre del antiimperialismo.
Más recientemente, se convirtió en parásito de Venezuela, recibiendo petróleo subsidiado a cambio de asesores de seguridad, inteligencia y supuesta guardia militar que ayudó a sostener a Maduro y su régimen autoritario; Cuba extrajo recursos masivos, mientras Venezuela se hundía en la ruina.
En la isla, una oligarquía política y militar, encabezada por el Partido Comunista y entidades como GAESA (Grupo de Administración Empresarial S.A. - su brazo comercial más poderoso. Adscrito a las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR), GAESA controla sectores clave como turismo, remesas y comercio minorista), concentra poder y riqueza, dejando al pueblo en extrema pobreza, sin servicios públicos básicos, inflación descontrolada y PIB per cápita el más bajo de América Latina en 2025-2026.
Hoy, en Uruguay, sectores comunistas defienden estas dictaduras, ignorando su fracaso humano y económico; son un virus que amenaza la democracia al romantizar autoritarismos.
La Constitución debería establecer explícitamente la pérdida de derechos ciudadanos (como la suspensión de la ciudadanía o inhabilitación política) para quienes apoyen, promuevan o defiendan cualquier tipo de dictadura, totalitarismo o régimen que destruya las bases fundamentales de la democracia republicana.
Esto fortalecería la defensa de la libertad contra ideologías que, disfrazadas de justicia social, solo generan miseria y opresión.
La historia demuestra que la verdadera liberación no viene de regímenes totalitarios, sino de instituciones democráticas fuertes y plurales.