Carlos Asecas | Montevideo
@|Hay ciertos gremios en nuestro país que son insoportables. Están buscando constantemente la forma de generar problemas y utilizan cualquier excusa para comenzar una huelga. Algunos como en el caso de Conaprole y en el Puerto, no pasa mucho tiempo sin que se genere un conflicto. Los trabajadores que acompañan a los dirigentes son los únicos perjudicados, porque son quienes pierden jornales cada vez que hay una paralización. Los dirigentes no tienen problema porque el sindicato los banca. A su vez, los afiliados no se dan cuenta que llega un momento que tiran tanto de la cuerda que cuando ésta se rompe, quedan todos sin trabajo.
Actualmente, Conaprole hace diez meses que está sufriendo paros constantes que están generando pérdidas millonarias. Es sabido que Conaprole paga excelentes sueldos, pero a pesar de eso no saben valorar lo que tienen. Ellos se creen que pueden tomar decisiones para dirigir la empresa y no saben ubicarse en el lugar de empleados. Incluso declararon que ellos pueden asumir la conducción. Tenemos pésimos ejemplos al respecto con el Fondes.
Los productores analizan privatizar la planta, pero es difícil con un sindicato hostil en contra. Ya se dice que se está pensando en dejar de producir helados, en virtud de los constantes paros. ¿Acaso quienes de dedican a esa tarea, piensan que los van a redistribuir en otra o se irán a sus casas con un despido en el bolsillo? Esto es una empresa privada y los números mandan. A tal punto llega la actitud patotera de algunos empleados que en alguna oportunidad pudimos ver videos donde un empleado rompía a propósito productos que estaban para ser exportados. Es el colmo que una persona boicotee su propio trabajo. Lo peor es que el sindicato los respaldaba.
No conozco en profundidad la comercialización de los productos lácteos pero quizás los productores deberían pensar en cerrar la planta y enviar la producción hacia la Argentina, porque seguramente si la envían a otra planta en Uruguay, el gremio va a trancar todo.
Es difícil razonar con dirigentes que siguen pensando en la lucha de clases. Siguen soñando con la hoz y el martillo. Se cayó el muro.
Todos estos dirigentes con ideas de izquierda no tienen cabida en sus paraísos soñados de Cuba, Venezuela o Nicaragua. En esos lugares los dirigentes sindicales no existen porque seguramente están detenidos por opinar en contra del régimen o de lo contrario se volcaron al lado de los dictadores y pasan buena vida. Es fácil ser radical en una democracia plena.
Otro gremio complicado es el del Puerto de Montevideo. La principal boca de salida de nuestras exportaciones se canaliza por ahí. Los paros constantes lo único que hacen es perjudicar el trabajo de otros uruguayos, porque ya ha pasado que barcos que venían a recoger mercadería han cambiado de rumbo al enterarse del conflicto. Cuando exportamos no sólo hay que competir en calidad y precio, también hay que cumplir con los plazos de entrega. Esta falta de cumplimiento puede causar que el importador opte por otro proveedor que cumpla con los plazos y no genere retrasos en la entrega.
Lo más lamentable es que estos dirigentes sin control reciben pago por una licencia sindical que no solo les permite no trabajar, sino que a su vez se capacitan en cómo generar mayores problemas para conseguir sus objetivos. No estudian como acordar beneficios para los trabajadores, sino como presionar al patrón para conseguir que baje la cabeza.
Hay que tomar decisiones y establecer normas más estrictas de modo que los sindicatos no operen en forma arbitraria, lo que hace que inversores del exterior lo piensen dos veces antes de venir a instalarse en nuestro país.
Con el actual gobierno, difícil que suceda, son amigos y tenemos un Ministro de Trabajo que además de ser amigo también, vive detrás del muro.