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Cuando el miedo manda, el Estado falla

Eduardo Sellanes Iglesias | Montevideo
@|La gente no está cansada. Está harta. Harta de escuchar. Harta de esperar. Harta de vivir con miedo. Porque esto ya no es percepción. Es realidad. Se vive en alerta. Se sale con desconfianza. Se entra con apuro. Se naturaliza lo que nunca debió ser normal. Y mientras tanto, el poder explica. Que viene de antes. Que es complejo. Que lleva tiempo.

¡Basta!

No estamos ante un gobierno que recién llega. No estamos ante inexperiencia. Estamos ante quienes ya tuvieron el poder, lo conocen y deben hacerse cargo sin atajos. Porque gobernar no es explicar. Gobernar es resolver. Y hoy no se está resolviendo. Se crearon estructuras. Se anunciaron planes. Se repitieron diagnósticos.

Pero en la calle manda otra ley: la del que delinque y la del que se encierra. Eso es un fracaso. Lo más grave no es solo el avance del delito. Es algo peor: la sensación de que el Estado no puede o no quiere. Y cuando desde el propio poder se deja entrever que la lucha está perdida, lo que se hace no es sincerar una dificultad: es consagrar una derrota.

Un Estado que admite derrota frente al delito deja de ser Estado en lo esencial. A partir de ahí, todo se deteriora. La confianza se rompe. La autoridad se diluye. La ley pierde peso. Y cuando eso pasa, la sociedad entra en zona de riesgo.

Porque una ciudadanía que no se siente protegida no espera indefinidamente. Empieza a desconfiar de todo. Y cuando la confianza cae, cae con ella la base misma de la institucionalidad. No de golpe. Pero sí de forma inexorable. La seguridad no admite excusas. No admite resignación. No admite que el poder mire para otro lado.

Porque cuando el miedo manda, el Estado falla. Y cuando el Estado falla, el país empieza a perderse.

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