Marcelo Gioscia Civitate | Montevideo
@|Por lo reiterativo de las conductas que son motivo de esta opinión, no debiera dejar de asombrarnos la destemplada persistencia de las mismas, dentro del proceder de un grupo de exaltados militantes de la autodenominada “izquierda”, quienes se empeñan en tratar de marcar su presencia en distintos actos públicos del gobierno.
Sin respetar símbolos patrios ni menos investiduras buscan entorpecer el desarrollo de los mismos, ya no sólo con cánticos y silbatinas sino además, con insultos y expresiones inaceptables al más puro estilo fascista.
Muy lejos de reconocer a las autoridades constituidas, ni de respetar a los vecinos que concurren a esos eventos y menos a quienes se muestran partidarios de los partidos que integran el gobierno, exhiben un resentimiento y odio que no se llega a comprender.
Pretenden “marcar su territorio” como propio y exclusivo, asignándose increíblemente dentro de lo que son las reales dimensiones de nuestro Estado y su ciudad capital, una suerte de “derecho de admisión” hasta para recorrer lo que entienden son “sus dominios”.
Se auto perciben como “dueños del barrio” y de sus paredes y plazas, vedados a quienes viven en otros.
En consecuencia, al parecer, en el Cerro no podrían transitar, actuar ni expresarse más cánticos que los suyos o de quienes resulten afines con sus ideologías.
Lamentable fue el espectáculo que protagonizaron en la inauguración del Hospital del Cerro; una obra pública de real significación y avance en favor de la atención de la salud de una gran población que la requería desde hacía décadas.
No supieron respetar ni el Himno Nacional. Pretendieron opacar con su violenta presencia un hecho histórico -no sólo si lo observamos dentro de una gestión de gobierno- sino también para su propio barrio y sus habitantes.
Pudo individualizarse a algún representante nacional entre los irrespetuosos manifestantes arengando quizás a quienes no alcanzan a entender que, hechos de esta naturaleza profundizan aún más las diferencias existentes en nuestra sociedad contemporánea.
Desconocen que esta inauguración es fruto del esfuerzo de todos quienes contribuimos a las arcas del Estado, soslayan que en quince años de gobiernos frentistas y con toda la bonanza económica de que gozaron no fueron capaces de concretarlo. Fueron otras –evidentemente- sus prioridades.
Se trata en el caso que nos ocupa, no sólo de cumplir -por parte del Sr. Presidente de la República- con una promesa electoral, sino de concretar una muy buena obra que hace al bienestar de la gente y esto, mal que les pese, no es otra cosa que cumplir con el interés público.
Cabría preguntarse dónde estuvieron estos manifestantes cuando se dejó a ANCAP al borde de la quiebra o cuando los casinos dieron pérdidas millonarias, o cuando un Vicepresidente de la República debió renunciar… Seguramente guardaron silencio, estaban preocupados en mantener sus mayorías legislativas, escudados en la impunidad del poder.
Aunque falten meses para las próximas elecciones nacionales insisten en promover estas acciones totalitarias para abonar el terreno de su pretendido retorno.
Debemos estar alertas.