Delfina Erochenko | Estados Unidos
@|El capital humano es un tema recurrente en las conversaciones que giran en torno al desarrollo internacional. Se suele mencionar al hablar de las posibles soluciones a los problemas económicos y sociales de los países. En los países desarrollados (¿sigue siendo políticamente correcto el término?) las tasas de natalidad están por el suelo y es clara la necesidad de tener a más seres humanos que puedan aportar a la economía, pagar impuestos y tener más hijos que continúen con el ciclo desarrollista.
En los países en vías de desarrollo, el capital humano padece de la misma importancia, pero con diferentes retos. Aunque las tasas de natalidad se ven bastante sanas, carecen de instituciones, sistemas y estrategias viables para continuar fomentando el crecimiento. Si nos fijamos en el estado actual del mundo, no tenemos mucho tiempo para dedicarle a eso de arreglar todo. Existen las organizaciones internacionales que estudian el tema del capital humano, pero en las últimas décadas, surgen las dudas sobre su influencia. Algunos hasta las llaman obsoletas.
Si las organizaciones internacionales se han vuelto obsoletas, entonces la responsabilidad del desarrollo es de cada país, ¿no? Pero, ¿en los países donde los derechos humanos no se respetan, es realista pensar que fomentar el capital humano sería una prioridad? Discutimos mucho sobre la responsabilidad que cada país tiene por el bienestar de sus ciudadanos. ¿Acaso si un país no cumple con esta obligación ética, otro país que sí cree en ella tiene el derecho de intervenir? No lo sé. Esa es una decisión para alguien que ejerce mucho más poder que yo, pero sí es una pregunta que surge en muchos círculos de desarrollo internacional.
Algo que sí sé, es que, sin una población creciente, capacitada y lista para los desafíos del futuro, muchos países se quedarán atrás. El futuro pertenece a aquellos que se adapten y diversifiquen su capacidad de exportación. La exportación de productos tangibles no desaparecerá, pero para quienes descifren la clave de la exportación del conocimiento y los servicios basados en la tecnología, ya no importará tanto el tamaño de un país o su capacidad de producción industrial. ¿Será que se están cerrando algunas brechas?