Edgardo | Montevideo
@|Ineptitud y soberbia.
Hace cuatro meses que estamos asistiendo al proceso de hacer semipeatonal la calle Rincón, desde la Plaza Zabala hasta Juncal.
Si bien al comienzo de las obras parecía ser algo sencillo (simplemente angostar el tamaño de la calzada por donde circulan los vehículos), a medida que pasaron las semanas asistí (ya que trabajo a diario allí) a algo que realmente resulta difícil de entender.
En primer lugar, la desprolijidad con que se comenzaron los trabajos, rompiendo y dejando inaccesible desde el primer momento varias cuadras, sin prever que el tránsito de autos, pero más importante de personas, quedaría seriamente afectado y esto sería por varios meses.
Cualquier persona que pase por el lugar verá el sinnúmero de elementos peligrosos que surgen desde el piso, desniveles, falta de aceras, varillas de hierros mal disimuladas que surgen del piso, cámaras profundas sin terminar y mal tapadas y señalizadas.
Sin ningún ordenamiento hemos visto decenas y decenas de metros cubiertos de hormigón recién colocado, que a pocos días se vuelve a romper porque se omitieron pasar caños o poner nuevas cámaras, como si los costos de dichas acciones no importaran mucho.
Literalmente se han levantado tanto las aceras como la calzada, no dejando en pie absolutamente nada; es realmente una zona de guerra. El tránsito vehicular al ingresar a Ciudad Vieja y llegar a algún punto cercano a la zona en cuestión, implica recorrer 14 o 15 cuadras de más con el enlentecimiento y congestionamiento consiguiente de toda la circulación, porque además, ¡se están haciendo obras también en la calle Colón y en la calle Reconquista! Es decir, parecería ser que la Ciudad Vieja ha sido tomada por un ejército.
Esto implica también lo que nos ha tocado en nuestro lugar de trabajo, pues se debe durante horas convivir con una máquina de varias toneladas rompiendo el pavimento a escasos tres metros, prácticamente sin poder hablar con otras personas.
También contamos aquí el enorme perjuicio que se le ha causado a los comerciantes de la zona, ya que la clientela ante tanto desbarajuste opta por no ir. Y aunque leí que se le va a practicar un descuento en algún tributo por parte de la IMM, seguramente esto no compensará el daño comercial que implica que algunos clientes posiblemente no vuelvan; así como la suciedad y el polvo que tienen que limpiar en sus locales y productos a diario, como también que los proveedores no llegan a poderles traer mercadería de manera adecuada.
Como reflexión final me surgen algunas dudas: ¿esto obedece a ineptitud o a una actitud soberbia? Porque solamente personas ineptas para la función que han sido designadas pueden realizar una obra que es indudablemente millonaria, sin ninguna necesidad real, con costos totalmente desproporcionados y sin control, sin una planificación debida, con afectación de comercios, trabajadores y conductores.
Eso es hacer obras innecesarias y despilfarrar dineros públicos (lo mismo que los canteros y bancos de metal en Ciudad Vieja que salieron US$ 400.000 y al poco tiempo fueron levantados); cuando en realidad nuestra ciudad necesita mejor iluminación (basta pasar por el Obelisco de noche por mencionar algo céntrico), más limpieza e higiene. Los basurales han disminuido, pero han sido sustituidos por basurales verticales; para ello es sólo ver el estado de los contenedores. Y finalmente hay que mejorar las calles (veredas como pavimentos); alcanza con mencionar cuántas calles aún tienen empedrado del siglo pasado.
Como siempre, los contribuyentes al servicio del gobernante, cuando debería ser al revés.