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@|Se conocen las consecuencias nefastas del acoso constante sobre niños y adolescentes, pero los centros educativos no dan pautas claras sobre cómo abordar el problema.
Algo que complica mucho es que docentes, en especial adscriptos, tienen temor a las represalias de los padres del agresor, porque pueden ser acusados por los propios chicos.
Como docente obtuve buenos resultados al tratar el tema en clase; caracterizando a los posibles agresores como niños o jóvenes que buscaban notoriedad molestando a otros y que generalmente eran ignorados en el ambiente familiar. Insistí en la importancia de que las posibles víctimas no estuvieran solas, lo que posibilitaba la agresión. Y por último, lo más importante, la función de los testigos que nunca debían festejar o hacerse cómplices del agresor. Si el agresor no cuenta con cómplices, fracasa en su intento de alcanzar notoriedad.
Según me confesaron algunos alumnos, las instancias les resultaron de mucha utilidad.