Dr. Carlos María Schroeder | Montevideo
@|Tuvimos el privilegio, con mi familia y amigos, de participar en la Beatificación de Monseñor Jacinto Vera, Primer Obispo del Uruguay, en una ceremonia muy emotiva, vibrante, con una Tribuna Olímpica repleta de gente proveniente de los 19 departamentos del país.
Nos hizo recordar, por la alegría del pueblo uruguayo cantando y vibrando con la manifestación pública de su Fe, a la Santa Misa que ofició en el mismo Estadio Centenario en el 87´, San Juan Pablo II.
Para los uruguayos, que muchas veces no encuentran sentido a sus vidas, porque el mal llamado “laicismo” que tenemos desde hace 2 siglos, que en realidad ha “amputado” el sentido trascendente y eterno del ser humano que tiene nostalgia de Dios que es su Creador, para los miles de uruguayos que han tomado la dolorosa decisión de suicidarse porque no tienen esperanza, la respuesta está en ese estadio lleno, en ese pueblo que, a través de Santos como Monseñor Jacinto Vera, han dado a conocer infatigablemente por todos los rincones de este bendito país, sembrando la paz y la unidad, que la respuesta está en Aquel que dijo como nadie en la historia de la humanidad: “Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida”.
Los Santos como San Juan Pablo II y el Beato Jacinto Vera han transparentado en sus vidas que siguen a Aquel que es la única respuesta a los profundos anhelos del corazón humano.
El del sábado 6 de mayo, fue un acontecimiento histórico, único hasta ahora en el país; tal vez irrepetible.