Dr. Mario Scasso Burghi | Montevideo
@|Del pasado fernandino menospreciado a la actualidad avasallante e irrespetuosa.
El propietario del predio donde se encuentran emplazados los restos de la Batería de “La Aguada” o “del Puerto”, Padrón N° 948, Manzana n° 259, tramitó en la Junta Departamental de Maldonado, mediante el Expediente N° 316/2022, un permiso de construcción de un edificio en él. El permiso fue otorgado en forma condicional al otorgamiento del aval por el Ministerio de Medio Ambiente y de la Comisión Nacional de Patrimonio. Esta comisión había declarado el predio como Bien Patrimonial Nacional por Resolución N° 1238 en el año 1984. El adquirente del bien lo hizo con cabal conocimiento que el predio en cuestión estaba afectado por la declaración del Patrimonio Nacional. Pero el propietario hizo cercar el predio con una valla de postes y tablazón de madera, como para iniciar la construcción.
Estimo que el otorgamiento de ese permiso, estaría totalmente opuesto a nuestro anhelo de la conservación de nuestro pasado histórico, del que esta obra militar formó parte.
Durante el período colonial, la Ciudad de Maldonado y su Puerto, en la entrada del Río de la Plata, fueron consideradas por la Corte de Madrid y las autoridades Virreinales de Lima y Buenos Aires, como integrantes del sistema defensivo de dicho estuario y su cuenca, del que esta obra defensiva formó parte. Los ingleses durante las operaciones navales y militares, durante la ocupación de Maldonado (1806/7), las describen como “las baterías pesadas”. Durante el proceso de nuestra Independencia, el Comandante Militar de Maldonado, Francisco Antonio Bustamante, el 6 de febrero de 1813, desde ella defendió el puerto de una incursión naval española, proveniente de Montevideo, rechazándola con la utilización de la artillería emplazada en ella. Fue una operación paralela y similar a la desarrollada el 3 de febrero del mismo año, en San Lorenzo, protagonizada por el entonces Cnel. José de San Martín y el oriental Cap. Justo Bermúdez, su segundo jefe y sus granaderos, inmortalizada por la Marcha del carolino Cayetano Silva.
Lo visible actualmente de la construcción militar existente, es en su mayor parte el muro perimetral que da hacia la playa, que es de cemento armado, construido por el Sr. Sagristá, luego del temporal del 10 de julio de 1923. Esa sudestada con vientos registrados de más de 150 km./ hora, levantó el nivel de las aguas costeras en 3,30 metros, destruyó el murallón costero de Montevideo y el “Barrio Sur”, arrasó la terraza costera del “Hotel de Pocitos” y en José Ignacio, puso al vapor “Devonier”, en la Playa. El oleaje destruyó el muro anterior de la batería, lo que obligó al propietario de la casa construida encima de la explanada, muy probablemente posterior a 1895, a asegurar la construcción. Jaime Sagristá, español, comerciante y agente marítimo había construido esta edificación (anterior a 1906), sobre la batería, próxima a los muelles portuarios.
Los restos de la explanada fueron aterrados recientemente, para la utilización del predio instalando carpas para fiestas, realizadas por el cercano hotel Serena.
Las piedras de la explanada fueron reutilizadas en 1895, al trasladarse a Maldonado, el Marco de los Reyes, del Tratado de Límites Hispano-Portugués de 1750, desde el Cerro de “Los Reyes”, en la Sierra de Carapé, a la Plaza de la Torre del Vigía, para su basamento. También al restaurarse la torre, dos años después, las losas fueron colocadas, para el camino de acceso y la vereda perimetral de la escalera. El Arquitecto Fernando Capurro en su libro “San Fernando de Maldonado” (1947), estima (pág. 52): “se podría realizar una reconstrucción de gran interés”. Era integrante de la Comisión restauradora junto con el historiador Horacio Arredondo y los Generales y Arquitectos Alfredo Baldomir y Alfredo Campos, responsable de las reconstrucciones de las Fortalezas del Cerro de Montevideo y de Santa Teresa, del Fuerte de San Miguel y de la Posta de Diligencias del Chuy, en Cerro Largo.
El tamaño de la fortificación ocupa prácticamente todo el predio, no dando lugar a la construcción de un edificio de apartamentos. En la propiedad deben estar además cubiertos los restos del polvorín de servicio de la batería, que necesariamente tiene que estar en la proximidad de la explanada.
Espero que la sensibilidad sobre nuestro patrimonio histórico, haya evolucionado desde fines del S. XIX y principios del S. XX, por parte de nuestras autoridades nacionales, departamentales y municipales, que realizaron en su momento el expolio de la batería y permitieron que un particular edificara sobre ella (era un bien estatal); en la tercera década del S. XXI, no permitan un nuevo dislate.
El que no estemos de acuerdo en la utilización de esta ruina histórica para construir otro edificio sobre la costa, relacionada con la evolución de la población colonial y con nuestra Independencia Nacional y se pueda impedir la construcción proyectada, es el primer paso a la reconstrucción planteada por el Arq. Capurro en 1947.
José Artigas: “No venderemos el rico Patrimonio de los Orientales al bajo precio de la necesidad”. Aguardo con esperanza que las autoridades departamentales y los responsables del Patrimonio Nacional, no permitan la destrucción de una construcción que fue iniciada en la séptima década del S. XVIII, patrimonio de los fernandinos, propiciando una inversión inmobiliaria, que alteraría además el paisaje costero de la bahía.