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¡Basta de explotación!

Roberto Alfonso Azcona | Montevideo
@|El despertar ciudadano frente a la dictadura fiscal de la oligarquía política.

Durante décadas, los uruguayos hemos sido rehenes de una mentira institucionalizada. Nos han hecho creer que el Estado es un benefactor, cuando en realidad se ha transformado en una corporación ávida de recursos, diseñada para financiar la vida de lujos de una oligarquía política que solo sabe prosperar a costa de crear más y más Estado.

Es hora de llamar a las cosas por su nombre. El impuesto a las jubilaciones no es solidaridad, es un robo titulado tributo; es la confiscación del esfuerzo de toda una vida.

La historia reciente demuestra que este reclamo ya no pertenece a un sector; es el clamor de un pueblo que se resiste a ser saqueado.

En 2019, el movimiento ciudadano Modeco 67 intentó reformar la Constitución para blindar las pasividades; consiguió la heroica cifra de 200.000 voluntades; pero la maquinaria electoral y la disputa presidencial eclipsaron la causa, dejándola temporalmente fuera de agenda.

Pero las causas justas no mueren; mutan y se fortalecen.

Para 2024, el tablero político crujió. Cuando un abogado penalista de fuste como el Dr. Oscar López Goldaracena (históricamente vinculado al Movimiento de Participación Popular - MPP) se plantó ante la Suprema Corte de Justicia con un recurso de inconstitucionalidad contra el IASS, quedó demostrado lo que siempre sostuvimos: la crítica a este atropello fiscal ya rompió las fronteras ideológicas. Incluso sectores de la izquierda, defensores tradicionales de la progresividad tributaria, tuvieron que admitir la verdad jurídica y moral: la jubilación no es una renta nueva; es el fruto de los aportes de toda una vida activa. Gravarla es una doble imposición flagrante, un acto de expoliación institucionalizada que la Corte prefirió convalidar para proteger la caja del Estado antes que la justicia.

Hoy, la farsa se terminó, lo que en 2019 los políticos ninguneaban como una queja aislada de un grupo de pasivos, hoy se ha transformado en una causa nacional de estricta justicia social.

Y mientras la clase política protege sus privilegios intangibles, la realidad en las calles nos golpea la cara con una doble injusticia que desgarra el tejido social; por un lado, nos confiscan los ingresos; por el otro, el Estado devuelve miseria.

Es inadmisible que los miles de compatriotas que construyeron este país terminen sus días olvidados, hacinados en “contenedores ilegales” disfrazados de casas de salud, sobreviviendo sin los más mínimos estándares residenciales ni humanos.

¿Ese es el “Estado de bienestar” que financian nuestros impuestos?

No; es un sistema cruel que trata a sus fundadores como una carga descartable.

Hoy asumo la responsabilidad de trazar la línea en la arena. No vamos a seguir esperando migajas de los mismos que crearon el problema. Se abren ante nosotros dos caminos que transitaremos sin titubeos:

- La Reforma Constitucional: volveremos a blindar las jubilaciones en la Carta Magna. Si la Suprema Corte se dobla ante las presiones fiscales del gobierno de turno, será el soberano el que escriba en la ley fundamental que el dinero de los viejos no se toca.

- La Presión Social Imparable: activaremos una movilización ciudadana sin precedentes que le quite el sueño a la burocracia estatal. Obligaremos al sistema político a revisar su estructura de privilegios y a devolverle la dignidad a los jubilados.

La clase política tiene una última oportunidad de despertar. Y lo hará bajo nuestros términos: o cambian las cosas por las buenas, asumiendo reformas estructurales que devuelvan la justicia distributiva, o los obligaremos a cambiar mediante la fuerza de la presión social y el peso de las urnas.

Esta lucha contra el IASS no es un simple reclamo tributario por unos pesos más o unos pesos menos. Éste es el primer paso de una revolución institucional para recuperar la soberanía de los ciudadanos; los constructores de la patria no van a ser olvidados ni saqueados nunca más. A partir de hoy, la ciudadanía organizada vuelve a ser la única soberana de este país. ¡A marchar y a vencer!

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