Fernando Aguirre Ramírez | Montevideo
@|Soy lector de El País de toda mi vida.
Mi abuelo, Juan Andrés Ramírez, fue amigo personal de sus fundadores.
Lucharon juntos por ideales comunes. Nuestras familias han mantenido una relación de cercanía y amistad durante varias generaciones.
Nunca pensé que iba a leer en sus páginas algo tan desagradable como la columna publicada bajo la firma de Francisco Faig este Domingo de Pascua.
Se trata de un ataque gratuito y procaz a los sentimientos y creencias de los lectores de El País y de la mayoría de los uruguayos. Y esto incluye a quienes son agnósticos o incluso ateos, pero comparten con nosotros la convicción de que el respeto de las creencias de todos en un ambiente de libertad, es parte de la identidad nacional.
El autor trata a la religión cristiana de superstición y a sus seguidores de hipócritas. Y acusa a sus sacerdotes de degenerados y de infame cinismo. Eso entre otras barbaridades que prefiero no enumerar.
Estamos acostumbrados a los ataques de algunos personajes que pretenden ocultar bajo un manto de defensa de la laicidad lo que en realidad es cristianofobia pura y dura.
Pero esto supera todos los límites. Elegir la fecha del Domingo de Pascua para publicar un ataque injurioso para todos los creyentes, lo hace doblemente abominable.
Y lo que de ninguna manera pudo suceder es que ese libelo fuera publicado en El País.