Dr. Ruben Agrelo | Montevideo
@|Como ciudadano uruguayo, sigo desde hace años las idas y vueltas del acuerdo entre la Unión Europea y el Mercosur. Siempre parece estar “a punto de firmarse”, pero una y otra vez aparece el mismo obstáculo: Francia y la presión de su sector agropecuario.
La nueva firma anunciada no cambia lo esencial. Ya lo vimos en 2019: hubo acuerdo político y, en la práctica, no pasó nada. Mientras Francia mantenga su oposición, el resultado seguirá siendo incierto.
Para un país pequeño como Uruguay, seguir esperando indefinidamente no parece una estrategia sensata. Es quedar atados a decisiones que se toman lejos y responden a intereses internos franceses, no a los nuestros.
Por eso creo que es razonable diversificar nuestros destinos comerciales. China no parece una alternativa adecuada por sus riesgos políticos y su imprevisibilidad. En cambio, en Asia-Pacífico existen acuerdos que funcionan, con economías estables y reglas claras. Uruguay no forma parte de ese esquema, pero podría explorar esa vía sin depender de vetos ajenos.
Algo similar ocurre con el Commonwealth, que facilita acuerdos bilaterales y cooperación con países previsibles y confiables.
Uruguay tiene estabilidad, buena reputación sanitaria y capacidad productiva. Tal vez lo que falta no es voluntad, sino claridad para dejar de esperar y empezar a mirar hacia otros lados.