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Actitudes de otras épocas

Marcello Brienza | Montevideo
@|Hay personas que a lo largo de la vida desarrollan sus actividades destacándose por sus aportes a la sociedad y un alto y profundo sentido de lo ético.

La ética es la inspiración de nuestras acciones humanas, la que nos posibilita discernir lo correcto de lo incorrecto y, por lo tanto, nos permite tomar decisiones responsables y adecuadas a las circunstancias. Es, en sí misma, una filosofía de vida.

A mi modesto ver, una de las figuras trascendentes de la historia política de nuestro país, ha sido el Maestro Daniel Fernández Crespo.

Muchos lo conocieron en el ámbito legislativo, donde descolló con su impronta social y su clara visión adelantada para su época. Otros lo hicieron en el deporte, con su intensa labor en los Clubes Aguada y Liverpool, así como también en el seno de la Asociación Uruguaya de Fútbol. También ocupó cargos en el Poder Ejecutivo Nacional, en representación de la minoría y de la mayoría, así como también en el Departamental de Montevideo.

Respecto a este último, hay una actitud que marca su acrisolada moral. En 1958, por primera y única vez hasta el día de hoy, triunfó el Partido Nacional en el departamento de Montevideo. La ciudadanía capitalina, ungió a Don Daniel como Presidente del Consejo Departamental de Montevideo. En esa época, como lo establecía la Constitución de la República de 1952, el gobierno del país y de los departamentos era ejercido por un órgano colegiado.

En Montevideo, la votación de Unión Blanca Democrática le permitió a Fernández Crespo encabezar el ejercicio gubernativo.

Era un hombre de vida austera, sencilla.

Cuando surgió la posibilidad que pasara a residir en la casa oficial reservada a los jefes comunales y su familia, lo rechazó de plano porque consideraba que esa situación constituía un privilegio. Paralelamente, dispuso que la finca, sita en Lucas Obes y 19 de abril, se destinara a desarrollar actividades culturales en todas sus manifestaciones. Consideró que debía seguir viviendo en Yatay y Marcelino Sosa.

La lección que nos dejó esta ilustre figura pública es que era inquilino de un inmueble en el barrio de La Aguada. No tenía casa propia.

En suma, el hombre conocido como “el de recta conducta” por propios y ajenos, con este tipo de legado genera compromiso!!!

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