Se celebró días atrás el llamado "II Congreso del Pueblo", una suerte de asamblea que debía reunir a representantes de los sindicatos, las "fuerzas vivas" y las organizaciones no gubernamentales con el propósito de elaborar algo así como un programa de gobierno.
En los últimos meses, sectores políticos de izquierda habían publicitado ampliamente este encuentro, e instado a la gente a participar en él y a presentar propuestas.
La convocatoria tuvo escaso eco puesto que contó con muchos menos participantes que los esperados.
Los organizadores se refugiaron en la excusa del mal tiempo imperante en Montevideo el día de la realización de la reunión, argumento insuficiente, por cierto, para disimular el fracaso.
Sin parar mientes en la baja asistencia, los organizadores siguieron adelante en su tarea de trazar los lineamientos de un futuro programa de gobierno. De allí surgió un conjunto de ideas reveladoras de una concepción del país tan atrasada como equivocada.
Una de ellas es la insistencia en fortalecer lo más posible al Estado, una concepción fracasada por doquier de la que no escarmentaron, al parecer, los sedicentes congresistas.
Otra es practicar una democracia más "participativa", adjetivo éste que, bajo el pretexto de consultar de manera constante a la gente, se sabe que encubre la propensión a la democracia directa tan notoria en los gobiernos de corte autoritario.
No acaban allí los dislates. La eliminación de las AFAP, la supresión del secreto bancario, la nacionalización del sistema financiero y el establecimiento de límites al pago de la deuda externa son algunas de las peregrinas ideas de la asamblea de marras, ignorante supina de los desastres que medidas de esta naturaleza provocaron en países cercanos al nuestro.
El "II Congreso del Pueblo" también reclamó derogar la ley 18.116 que impuso penas a la ocupación de inmuebles, cosa de generar un "viva la Pepa" nacional. Y por último, frutilla de la torta, una autotitulada Comisión del Medio Ambiente, declaró que la instalación de la empresa Botnia es un "mal negocio" para nuestro país.
Apagá y vamos.