En la 9a. Sección de Cerro Largo, el 7 de marzo de 1910 nacía Zoilo, quinto hijo de siete, del matrimonio formado por don Zoilo Coirolo Montecoral y doña Regina Saravia Olivera. Entre esos siete hijos, le sobreviven Paula, la mayor, y Regina con 99 y 96 años, respectivamente, y Ema, fallecida, fue la madre del ex presidente de la República, Dr. Julio María Sanguinetti.
La madre de Zoilo era hija de Antonio Floricio "Chiquito" Saravia, aquel formidable guerrero que no titubeó ante la muerte en Arbolito, dejando un recuerdo imperecedero de su osadía, su intrepidez y su enorme coraje.
El padre, sirvió en las campañas de 1897 y 1904 —falleció el 2 de junio de 1944. En esta revolución, se dio el caso que don Tomás Berreta —quien más tarde sería Presidente de la República— peleando por los gubernistas, fue herido y apresado en la batalla de Fray Marcos, en la que vencieron las fuerzas de Aparicio Saravia.
A raíz de esto, hace unos años, el Dr. Sanguinetti, durante su segunda presidencia, relató a "Ultimas Noticias" una anécdota de tipo familiar, cuya publicación nos permitimos transcribir: "... Tomás Berreta fue hecho prisionero por las fuerzas de Aparicio Saravia en la batalla de Fray Marcos, donde fueron derrotadas las fuerzas gubernamentales. Pese a que alguna gente de Canelones, por espíritu de venganza reclamaba su ejecución, el Comandante a cargo no sólo se negó al pedido, sino que destinó dos soldados para que velaran por la seguridad de Berreta. Con el paso del tiempo, a uno de los guardias las cosas comenzaron a rodarle mal y viajó a Montevideo, buscando nuevos horizontes. Es así que le pide trabajo a Berreta, quien, a sabiendas de que su interlocutor igualmente continuaría siendo blanco hasta el último día, le ofreció un destino en la Aduana, trabajo que le sirvió para reencauzar su vida. El soldado en cuestión era mi abuelo, quien se casó con Regina Saravia, hija de "Chiquito". En mi familia, que fue siempre colorada, mi madre (doña Ema) era de origen blanco...".
Respecto a la custodia asignada al prisionero, el otro soldado era Olayo Casas Araújo, de quien escribimos una nota y en la ocasión, haciendo referencia a este caso, transcribíamos de la memoria familiar, que Aparicio le preguntó si se animaba a llevarlo (a Berreta) y la respuesta de Casas fue: "tengo miedo, pero igual voy".
Don Zoilo Coirolo Saravia, con estos ancestros, continuó profesando, sin prisas pero sin pausas, el viejo ideal del Partido de Oribe, de Gómez, de Aparicio, de Diego Lamas. En 1933 se alineó en el nacionalismo independiente, participando de incontables jornadas cívicas con su natural firmeza y en esas filas puso de manifiesto su inmenso cariño, su amor y su respeto por la blanca divisa, sus progenitores y por Aparicio y Chiquito Saravia.
Acompañó a Héctor Payssé Reyes en 1950 cuando empezaba a asomarse con fuerza la unión del Partido. De ahí que en 1954 integró la Reconstrucción Blanca que volvía a votar bajo el Lema histórico acompañando a la Lista 400 encabezada por Washington Beltrán y al llegar la unidad del Partido en 1958, militó en la Unión Blanca Democrática para, en 1971, estar junto a Wilson Ferreira, que daba nueva vida y orientación al Partido, y al que conocía desde hacía más de tres décadas.
Los años fueron pasando, mientras don Zoilo, con una salud envidiable, alternaba el seguimiento de la política, compartiéndola con el turf, su deporte favorito. En su última elección, en la que votó en octubre de 1999, y en noviembre, al ir a depositar su voto para el balotaje, acompañado por su nieto, le expresaba a éste: "Te das cuenta, la última vez que voy a votar y no tengo más remedio que votar a Batlle. ¿Quién me lo iba a augurar?"
Cumplidos sus 92 años de edad y a poco de llegar a los 93, cerró su trayectoria terrenal este gran servidor civilista del Partido, el 8 de enero de 2003.