En el derecho internacional, nacido hace poco más de 400 años en Europa, con la creación de los estados nacionales soberanos, surgieron sistemas para evitar conflictos en sus relaciones, los que son hoy inoperantes. Así ocurre con la Organización de las Naciones Unidas y la Organización de Estados Americanos y su Carta Democrática Interamericana (2001).
Venezuela es un Estado nacional establecido internacionalmente. Su pueblo llamado a expresarse en 2024, en votación libre, por casi unanimidad eligió a Edmundo González Urrutia como Presidente de la República. Habiéndosele prohibido a la líder política natural de la oposición María Corina Machado presentarse como candidata. La banda -de larga fama- dirigida por Maduro, Diosdado Cabello, el Gral. Padrino y los hermanos Rodríguez, no respetó la votación. Manipuló pronunciamientos electorales y permanece sentada sobre las bayonetas. Es un fruto del árbol podrido. No tiene legitimidad. Nació de una flagrante violación a la autodeterminación del pueblo venezolano expresada libérrimamente en 2024 en las urnas.
Los asesinados, los torturados, los lastimados, los arrojados a calabozos inmundos sin juicio alguno, los perseguidos, son decenas de miles. 8.000.000 de emigrantes venezolanos dan cuenta -a su vez- de una tragedia sin parangón en el mundo, desarrollada por el narco gobierno. No es arriesgado creer que el 90% de los venezolanos -quienes están en su patria sojuzgados y sometidos a miserias de toda índole y la patria peregrina desparramada fuera de fronteras- ven con ilusión lo ocurrido recientemente y sienten es la única salida real al horror socialista que vienen padeciendo desde hace más de 20 años. Como republicano y nacionalista mi corazón ciudadano solo puede estar con ellos.
Con ribetes que superan a la mejor obra de ciencia-ficción imaginable, la extracción reciente del tirano Maduro de Venezuela y su encarcelamiento y sumisión a la justicia en Estados Unidos, acaparan el comentario internacional. Lo que vendrá es imprevisible. Se elevan voces en nombre del principio de no intervención ... ¡Seamos realistas! Estamos hablando de crímenes y no de diplomacia. Esta ahora -además- más que probada la intervención policial y militar cubana tutelando siempre a la dictadura venezolana. Instalada en el primer anillo de la guardia del dictador personal Maduro y en todas las dependencias rectoras de la represión policial contra el pueblo. Es una vanguardia estratégica reconocida de 250 personas, a cuenta de una cifra mayor.
Esta ominosa intervención institucional extranjera, merece por cierto la más fundada de las condenas. La utopía de la no intervención sostenida graciosamente al viento es un beneficio de inmunidad para los cárteles y las mafias que usurpan el poder en Venezuela, Cuba y otros regímenes emparentados. En su nombre, Estados Unidos primera democracia y potencia de un mundo caotizado, y todos los países libres estarían obligados a mirar para el costado como las mafias internacionales y narco gobiernos amasan fortunas enormes, corrompiendo a las naciones a partir de la tiranía y la droga.
El tirano Nicolás Maduro, defendido hoy por los bufetes de abogados más caros en lo criminal de Estados Unidos tendrá la oportunidad de colaborar con la justicia y reducir su condena. Si cuenta un poquito de lo que sabe, habrá más de cuatro a quienes vale recordar aquello que reza que “cuando las barbas de tu vecino veas afeitar, mejor pon las tuyas a remojar”...