El derrape en las encuestas que miden la aprobación del gobierno ha sido el tema redundante de los últimos días. Por todos lados analistas y otros tratan de explicar la razón. Hasta ha surgido alguna peregrina idea de que la alta desaprobación del gobierno es culpa de la oposición, lo que contradice también la teoría que con insistencia se quiere instalar de que la oposición también está mal. Una de dos: o es eficaz y ha lastimado políticamente al gobierno, o es estéril y no puede lograr nada. Pero las dos cosas a la vez no son posibles.
No hay que ser muy iluminado para darse cuenta por donde viene la pelota. La agenda del gobierno no es la agenda de la gente. Al FA lo que le preocupa es eliminar las AFAP, crear el ministerio de Justicia, echarle mano a la Fiscalía sacando a Ferrero y ser los verdugos de las patrulleras oceánicas. A los uruguayos nos preocupa la inseguridad, la gente por miles en situación de calle que también son fuente de inseguridad, los problemas de empleo y económicos en la familia y la emergencia en salud mental. Estas es la causa: el gobierno y la gente están en frecuencias de onda diferentes. Y eso ya genera hastío. Orsi, con el mayor respeto, no da pie en bola.
¿Y nosotros? Porque analizar el presente está bien, pero, y no es adelantarse, tenemos la obligación de pensar en el 2029. Si por ahí les dicen que estamos con la cabeza en la próxima elección, díganle sin culpas que sí. Que sería de irresponsables no hacerlo. En todo caso es posible subir la escalera y masticar chicle. Estamos en el hoy, pero pensando en lo próximo.
Hace ya poco más de un año, en febrero de 2025, dijimos claramente que tenemos que pensar en términos de Coalición Republicana. Que no hacerlo significa recorrer quizás las mismas circunstancias que ya vivimos en 2024: tener más votos en octubre, pero menos bancas que el FA.
En aquel momento, planteamos que debíamos avanzar en una coordinación parlamentaria, una política y una coordinación programática. Hay que tener el rumbo que le falta al gobierno.
Logramos coordinar parlamentariamente, al extremo que ya hoy no hay ningún tema importante que no se resuelva en términos de bancada de la CR. De esto poco se habla, pero el cambio ha sido copernicano. No dejan de existir las bancadas partidarias, pero no son superiores a la de todos juntos. Se enriquece, se intercambia, se decide y luego se actúa unidos. Se avanzó, también, en la coordinación de autoridades partidarias, y debemos hacerlo mirando ya el mediano plazo con temas programáticos del próximo gobierno.
Algunos compañeros, con legitimo razonamiento y obvio afecto, defienden la hipótesis de que el abanico abierto de partidos es más eficaz. También es verdad que ese abanico abierto no logra coagular un espíritu coalicionista que haga que los votos de octubre se trasladen a noviembre. Ir abiertos es eficaz para octubre, pero no para noviembre. De un mes a otro hemos perdido en las dos ultimas elecciones más de 100.000 votos. El que vota en octubre no se siente “obligado” a hacerlo en noviembre a otro partido de la CR, porque quizás no se sienta parte de esa institucionalidad. La pertenencia a algo suelda el voto, o por lo menos achica significativamente la fuga.
Si ya llevamos dos elecciones y un período gobernando juntos (¡y qué periodo!), cuál sería la razón para no avanzar en términos de CR.
El FA se caracteriza por ser últimamente un partido de incertidumbres, donde las diferencias son más marcadas que las coincidencias. La falta de rumbo es por discrepancias ideológicas, por no poder ponerse de acuerdo en la letra chica. Los une “la justicia social”, “la equidad”, “que pague más el que tiene más”, pero cuando salen del título explota todo y no pueden avanzar. Los uruguayos saldrán de este período buscando certezas, no tanto coincidencias totales, si pidiendo que el gobierno, gobierne. No es mucho pedir, está en la naturaleza de las cosas, pero no es la realidad con el FA. La CR tiene que brindar certezas, y éstas se dan antes de votar, cuando dejamos de lado las diferencias para abrazar el futuro juntos. Nadie es más blanco que el que esto firma, pero por blanco quiero honrar a Saravia en Masoller ejerciendo sus ideas desde el gobierno, y no lamentando derrotas todos los años.
La gente la tiene mucho más clara que los dirigentes. Son los que nos dicen: júntense, déjense de embromar. Los dirigentes solemos ser más conservadores y tener más prejuicios. No es verdad que la próxima elección esté ganada, ni ocho cuartos. Pensar así sería un profundo error. Falta mucho y en el tiempo que falta sí se construye victorias. Debemos escuchar mucho, sin prejuicios y sin rigideces. La experiencia nos dice que hay que construir confianza y solidez coalicionista. Y ser transformador. Hay muchos uruguayos, y cuanto más jóvenes más, que ya piensan en términos coalicionistas y no partidarios. Hagamos lo que hay que hacer.