Votar es mejor

SEBASTIÁN DA SILVA

Militar en un partido, discutir, proponer y participar es lo mágico que tiene la actividad política definida como aquella en donde a través de las ideas se puede transformar la realidad de un país.

Los actores políticos deben de tener algunas otras virtudes, los hay simpáticos, serios, estudiosos, charlatanes, sacrificados y cómodos, pero todos ellos deben de tener claro que es en base a sus aspiraciones personales que pueden llegar a ocupar responsabilidades de relevancia en cualquier esquema de poder.

Estas aspiraciones son lo más legítimo de la democracia, dado que por ellas la gente se organiza, plebiscita su nombre y su proyecto y del preferido de la mayoría de la ciudadanía sale el encargado de dirigir los destinos de todo un país por un tiempo determinado.

Este preámbulo es para dejar en claro que no hay posibilidad de que exista un solo político sin sus legítimas aspiraciones personales, y cuando más alto se llega en la denominada carrera de los honores, estas aspiraciones son obviamente mayores.

En nuestro Partido Nacional, el tema ha estado claro desde siempre, las ideas y las aspiraciones se definen con el voto. Tanto los candidatos presidenciales, como el resto del elenco que define una elección saben que su suerte depende de lo abultado de las urnas. No existe la cultura de la designación partidaria, y mucho menos el dedazo.

Quien quiere ser edil, diputado, senador etc. será si la gente lo apoya, no una mesa directiva y para ello le basta con inscribir una nueva agrupación y lanzarse a la aventura electoral

Totalmente distinto es en la izquierda. La obsesión por mantener la unidad en un conglomerado que piensa radicalmente distinto, con líneas enfrentadas dentro de sus mismos partidos y una pesada carga de desconfianza plasmada en cada uno de los estatutos internos, logra el guión de esta novela sobre la candidatura presidencial del Frente Amplio

Astori y Mujica, ambos cumpliendo sus respectivos papeles de técnico serio por un lado y populachero y bonachón por el otro, no evitan traslucir lo del inicio. Ambos quieren, tienen legítimas aspiraciones personales, pero con un agravante, ambos saben por un tema de sentido común y un tema de edad, esta es su última chance de poder culminar su carrera política con la banda presidencial.

Por tanto es entretenido, observar las mil maniobras que todos los días voceros, allegados, y ellos mismo lanzan a la opinión publica con el mal interpretado objetivo de quererla convencer de que uno es mejor que otro, o que al otro le da lo mismo ser o no ser. Todavía no se han querido dar cuenta de que es más sencillo y transparente cumplir con la Constitución, y que las realidades políticas y las preferencias la marque democráticamente la gente interesada en hacerlo.

Muchas reuniones a puerta cerrada, mucho conciliábulo, mucha rosca, mucho olor a naftalina, nada de participación, menos de renovación y mucho menos de libertad de opciones.

Esa es la única y clara realidad de la izquierda uruguaya, que hoy como ayer se dice abierto y participativo mientras decide su futuro político atrás de bambalinas.

`Como te digo una cosa te digo la otra,`

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