Gustavo Penades
El Ministro de Economía se manifestó partidario de celebrar acuerdos bilaterales con otros estados para propiciar una mayor inserción internacional del país.
Las declaraciones de Astori son por demás positivas. Uno de los hombres fuertes del gobierno parece estar dispuesto a impulsar con fuerza acuerdos comerciales bilaterales, con estados de extrarregión e incluso con estados asociados al Mercosur.
La idea de impulsar en la región la concreción de tratados bilaterales para incrementar el comercio es fundamental. Naturalmente en cada caso se avanzará lo que sea posible siendo la meta perseguida el TLC, al uso del que suscribimos con México y que tan buenos resultados está dando.
Nos parece positivo que se fije la mirada en Chile. No sólo por lo que representa como mercado (en el 2006 las exportaciones de Uruguay hacia ese país crecieron 194%, mientras que las importaciones 32%), sino por el papel que está jugando como inversor regional. En Uruguay hay 35 empresas chilenas que han invertido alrededor U$S 253 millones, cifra no despreciable, pero ínfima si la comparamos con los 6.000 millones invertidos en Argentina o los 14.000 invertidos en Brasil.
Naturalmente ir en la dirección propuesta por el ministro Astori implica la adopción de definiciones al más alto nivel. Téngase presente que avanzar en la negociación de acuerdos bilaterales con estados asociados al Mercosur podría contribuir aún más a la desnaturalización del mismo como proyecto económico. El espíritu fundacional radica en concretar un espacio de profunda integración económica, que posibilitara la complementación productiva y la integración al resto del mundo. Lentamente, la idea original se ha ido desdibujando, y a la luz de las iniciativas unilaterales y bilaterales de los socios de mayor peso, junto a la integración de Venezuela como socio pleno determinan, mal que nos pese, el fracaso del proyecto inicial.
Ahora bien: ¿qué debe hacer nuestro país? ¿Ser comparsa en un Mercosur esencialmente político que pocas ventajas nos apareja o explorar otros caminos?
A nuestro juicio la respuesta para Uruguay pasa por avanzar todo lo que se pueda en obtención de acuerdos comerciales que abran nuevas posibilidades para el trabajo nacional. Los candidatos pueden ser Chile, India, China, Perú o cualquier otra nación con la que podamos profundizar el intercambio comercial. Un ejemplo es el acuerdo que celebramos con México que significó un aumento exponencial de las exportaciones uruguayos hacia ese destino.
Fijémonos, siguiendo con la experiencia de Chile, que ese país ha firmado acuerdos de libre comercio con México, Costa Rica, Unión Europea, El Salvador, Estados Unidos, Corea, Nueva Zelanda, China, Perú, entre otros. Eso explica en gran parte sus 50.000 millones de dólares anuales de exportaciones, las que, además, entre 2004 y 2005 aumentaron un 30%.
El Chile de hoy es el fruto de las políticas públicas continuadas por sucesivas administraciones. Uruguay en estos dos años perdió no solamente la gran oportunidad de un TLC con Estados Unidos, sino que pierde el tiempo en discusiones ociosas, y privilegia procesos políticos propios y eventualmente útiles y necesarios en otros estadios de un proceso de integración. Confiamos en que esta vez la posición de Astori no sucumba ante el conservadurismo de sectores del Frente Amplio aún rehenes de consignas del pasado