Uruguay y el mandarín

CARLOS MAGGI

Conversé con Helen Hosfelt, una rubia de piel transparente y ojos de azul intenso. Compararla con Nicole Kidman es devaluar su belleza. Vive en California y como las manzanas de ese lugar, se ve besada por el sol.

En medio de nuestra primera reunión, la muchacha comienza a intercalar con toda naturalidad frases de sonido ininteligible. Muy seriamente me hace preguntas de las cuales solo entiendo el signo de interrogación; y sonríe.

Helen cumplió siete años el mes pasado, es hija de un galerista de San Francisco. Helen va a leer esta nota sin el menor esfuerzo porque se prepara para vivir en el siglo XXI. Habla español desde hace 4 años, pronuncia el inglés de su patria con un dejo de White Chapel y se dedica seriamente, a escribir sin faltas en el idioma oficial de China. Me habla en mandarín sabiendo que no le entiendo y le causa gracia que un hombre grande no sepa lo que ella sabe.

Pienso que hay algo en esto.

Vivir en la torre de Babel donde cada uno habla su idioma y deja de entender a los demás, es un castigo y es un pecado; y se paga. ¿Qué hace la enseñanza de nuestro país que no prepara a sus niños y a sus jóvenes para el mundo que les tocará vivir?

¿Qué espera nuestra diplomacia dirigida por un buen ministro, el doctor Luis Almagro, un hombre que vivió y trabajó en China continental durante un buen lapso?

Estrechar lazos de amistad con un país, bien puede consistir en pedirle colaboración para difundir entre nosotros su idioma y su cultura.

En Nueva York el Liceo francés es un colegio privado muy selecto; pero la embajada francesa encontró una notable solución para difundir su cultura y su idioma entre muchachos con pocos recursos. Francia financia maestras que dan todos los cursos de primaria en francés en las escuelas públicas de Manhattan o Brooklyn. El resultado son escuelas bilingües, de doble horario. El trámite para conseguir el apoyo oficial francés lo inician las comisiones de padres y lleva cada vez menos tiempo concretarlo, a medida que la experiencia se repite con un éxito extraordinario.

Francia se encarga de los gastos que origina su programa residente. Así estudia francés Louise Openheimer, que tiene 5 años y la conocí en Nueva York; y resplandece cuando pronuncia la "u".

A esta altura de mi propuesta, busqué con modestia, algunas confirmaciones.

En Colombia opinan:

- "Teniendo en cuenta su crecimiento económico y su constante búsqueda de materias primas, aprender mandarín, el idioma `chino` es fundamental para querer comercializar con esta cultura.

Colombia exportó a China entre enero y septiembre del 2009, US$ 523 millones, con un incremento del 61% frente al mismo período de 2008. Conclusión, el mandarín es idioma de negocios."

En México, escribe Enrique Dussel Peters, coordinador del Centro de estudios China-México (Cechimex):

- "México debe tomar en serio el panorama y elaborar una estrategia, con una visión a corto, mediano y largo plazo, si quiere formar parte de los países exportadores al país asiático.

"Se requiere de un plan integral, con acciones múltiples, en ciencia y tecnología; ¡y en educación! Porque actualmente se hace de forma muy limitada".

Jorge Minaya Vizcarra, Sinólogo, consultor internacional, habla desde Perú:

- "El predominio lingüístico en el mundo se puede modificar.

En efecto el mandarín, que es el idioma oficial del gigante de oriente (que por muchos siglos fue el dialecto de Beijing) y que se habla en China, Taiwán, Singapur, Malasia e Indonesia con algunas variantes, puede acabar convirtiéndose en la nueva lengua franca; esto es, en el idioma común utilizado entre personas que no tienen la misma lengua materna y que viven en distintos puntos del planeta.

Es un hecho incontrovertible que la enseñanza del mandarín avanza a paso de gigante en el occidente europeo y en América, Todo tiene una explicación económica; más del 90% de los productos manufacturados provienen de China (embarcada en la llamada segunda revolución industrial, el gigante se ha convertido en la gran fábrica planetaria que nutre de autos, ropa, electrodomésticos, juguetes y todo tipo de bienes de consumo a medio mundo).

Estamos frente a la lengua que habla uno de los mercados más poderosos y menos explorados que existen en la Tierra. Un mercado en el cual parece que hay opción para todos.

El mandarín está siendo, pues, apalancado por dos factores omnipresentes en la vida del planeta: la desbordante demografía china y su fantástico crecimiento económico (el mandarín es el idioma más hablado del mundo en razón de la inmensa población China y sus países satélites). Es tal la dimensión de este fenómeno, que de año en año las políticas educativas de Estados Unidos, Inglaterra, Francia y Alemania -por mencionar los casos más notorios- destinan mayores recursos a su enseñanza; y por parte del gobierno chino, hay toda una estrategia en ciernes tendiente a la mundialización del idioma, consistente en el despliegue de una creciente red de institutos "Confucio" asentados en diversas universidades de los cinco continentes (en el Perú, la Universidad Católica de Lima, la de Arequipa y la universidad de Piura ya han firmado sus respectivos convenios). El Ministerio de Educación de China ha decidido extender la red a más de 60 países en el mundo con el objetivo de que en el 2010, más de 100 millones de extranjeros estudien el mandarín."

COMENTO: El Uruguay, puerta del Mercosur, debería dar un campanazo similar al plan Ceibal. Una señal de contemporaneidad, una mutación cultural que anticipara lo que ya resulta inexorable. Contamos para lograrlo con un canciller que conoce mucho de lo que estamos hablando: el incontenible avance de China en el mundo y la horrible limitación que impone el desconocimiento del idioma.

El gobierno uruguayo puede proponerle al gobierno chino un programa residente, similar al que aplica Francia en Nueva York.

¿Por qué no? Si Beijín nos mandará 500 maestros que enseñen cultura y mandarín; nosotros retribuiríamos en pie de igualdad, mandando uno.

El Ceibal fue posible porque somos pocos y nos dimos cuenta. Con el mandarín la proporción vuelve a jugar a favor de nosotros.

La contingencia indica que nuestros escolares, los ricos y los pobres, deben aprender computación; y además, inglés y mandarín en partes iguales.

No cabe duda que un gesto así confirmaría a nuestro país como cabeza de puente comercial de China, en la región.

Los botijas alumnos de maestros chinos, saldrían preparados para lo que vendrá; y habrá miles de empleos a su disposición. China será la primera economía del mundo, cuando nuestros preescolares de hoy ingresen al mercado del trabajo.

Esta será la segunda brecha a ser vencida; primero la digital con las ceibalitas; y luego la idiomática, con maestros y profesores auténticos. El saber es la llave general, abre todos los caminos.

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