En nota anterior habíamos llegado a la escisión de 1924 y a la pérdida de la Presidencia en 1926 debido a esa escisión.
Al entrar en algunos detalles de las etapas recorridas, nos permitimos transcribir el magistral enfoque que hiciera Washington Beltrán comentando la constitución de Reconstrucción Blanca en 1954. Dijo así: "En 1930 se escinde en dos sectores el Partido Nacional. De un lado el llamado Herrerismo que rodea la figura del Dr. Herrera. Del otro, lo que será denominado Nacionalismo Independiente. Allí el choque alcanza a los extremos de la desatada intemperancia. Los blancos se miraban con rabia; polemizaban con ira; se agraviaban con odio. Llegóse al extremo de formarse dos colectividades cívicas. Con sus autoridades, sus registros y sus lemas: el Partido Nacional por un lado, Partido Nacional Independiente por el otro. En el transcurso de los años que siguen, algunas voces se alzan llamando a la cordura. Pero son ahogadas por el torrente de los enconos. Sin embargo las trincheras de la sensatez se extienden, pese a que la hiperestesia de la pasión crucifica a los apóstoles del entendimiento. Eduardo Rodríguez Larreta con denuedo se arrebuja en su capa de cien combates y desdeñando la hostilidad del denuesto, forma la Reconstrucción Blanca, integrada por ex afiliados del Nacionalismo Independiente que votarán en ese sublema en las filas del histórico lema Partido Nacional. Ello ocurre en 1954. El acto de coraje, el paso audaz, ejemplariza y alecciona. Y en 1958, el resto del Nacionalismo Independiente sufragará bajo el lema tradicional. Todo el Partido Nacional, pues, votará unido. Y por primera vez, después de 97 años, el Partido Nacional gana las elecciones..."
Esta magnífica síntesis de Beltrán, traduce los momentos álgidos de 1930 ahondados en 1933 y superados finalmente en 1958.
Pero cabe, en esta síntesis sobre la unidad del Partido, señalar algunos acontecimientos que se fueron produciendo en favor y en contra de la unidad del Partido. Mientras el Herrerismo se muestra expectante —no sin descargar sus críticas al otro sector— el Nacionalismo Independiente —también en la dura crítica a los adversarios del Partido— muestra dos corrientes bien definidas, acordes y contrarias a votar bajo el Lema histórico.
En las elecciones de 1934, el Nacionalismo Independiente, prácticamente en la clandestinidad, no participa en las mismas, y ello se repite en las elecciones de 1938. Es un abstencionismo determinante de la oposición a la situación, aunque sin embargo se manifiesten algunos intentos por la unidad que, desde luego, llevaban la clara intención de volver a las urnas.
En ese aspecto, el Directorio del Nacionalismo Independiente, que se mantiene en no acumular con el Herrerismo, en ese año de 1938 y antes de que se expidiera su Convención en materia electoral, hace un llamado a los correligionarios a reintegrarse a filas partidarias. Es un intento que blancos volcados al Herrerismo se restituyan a filas del Nacionalismo Independiente.
En 1939 "El Plata" lleva a cabo una encuesta sobre el Lema Partidario, consultando a las más notorias y encumbradas figuras del Nacionalismo Independiente. Por su lado el Directorio protesta contra la actitud de la Corte Electoral en no resolver sobre el lema diferenciado que reclama, admitiendo la Corte tan solo el uso de sublemas bajo la condición de acumular sus votos al Lema Partido Nacional cuya autoridad, por lógica, es el Directorio Herrerista. Esto, sin embargo, no es obstáculo para que el mismo Directorio exhorte a las departamentales ya que "conviene abocarse de inmediato a la movilización de la masa partidaria. Y aún realizada en condiciones precarias, mientras la Convención no se pronuncie, la inscripción de sus afiliados en el Registro Cívico", en un movimiento muy similar al de 1910. Todas estas actuaciones adelantan que el Nacionalismo Independiente volverá a las urnas pero con lema propio, lo que ocurrirá en 1942.
(continuará)