Una palabra mágica

Qué imagen tienen los lectores del presupuesto público? A veces parece que la gente cree que el presupuesto público es una gran bolsa de dinero que se la reparten entre los autorizados a gastar.

No, señores, el presupuesto nacional es, en primer lugar, el resultado de proyecciones de ingresos e intenciones de gastos e inversiones de los entes públicos. En otras palabras no es plata que existe sino que es la expectativa de tener, en base a supuestos que serán más o menos realizables en el quinquenio.

En segundo lugar la forma de realizar el presupuesto en cualquier ente público debería ser el fruto de un análisis concienzudo y crítico de todo lo que se ha gastado hasta el momento del análisis, de modo de hacer más eficiente el gasto.

Lamentablemente en general en proceso es muy distinto, se da por hecho que todas las oficinas, los cargos presupuestados y contratados son esenciales para el desempeño de la función de que se trate y de ahí se parte para hacer los cálculos de ajuste, sea por inflación o cualquier otro índice que convenga al sector que sea.

Así se arrastra la ineficiencia de un año a otro, de un quinquenio a otro, sin hacer un programa de reducción de vacantes donde ya no es necesario llenarlas o evitando innecesarios “asesores” contratados o incorporando funcionarios en comisión que dejan reservado el cargo en el lugar de origen, si bien podríamos concluir que ese funcionario en el lugar de origen no era necesario, lo que ocurre en realidad es que cuando vuelve a su cago, quien lo ocupó y supuestamente desarrolló una función vuelve a su antiguo escritorio, generando un dominó perverso.

Eso en cuanto a los funcionarios pero si nos detenemos en los gastos, oír que los funcionarios esperan ahorrar del presupuesto es un contrasentido, no se puede ahorrar recursos que no se tienen, lo que se tiene es un crédito por un dinero que a alguien le sacarán con los impuestos. Lo que deberían hacer es no pedir créditos innecesarios, hacer un presupuesto serio y no solicitar más de lo necesario, saben por qué, pues porque quien calcula los ingresos para cubrir el insaciable pedido, aprieta más y más el cinturón de los contribuyentes, sea mediante nuevos impuestos, alza de tarifas de empresas públicas que luego harán su aporte a rentas generales o ajustando cálculos no conocidos por quienes verán menguada su posibilidad económica.

Irrita tremendamente recibir la noticia con algarabía de quien la da, que se “devolvió” presupuesto. No. El presupuesto no se devuelve se deja de usar un crédito, ese por el cual de todos modos ya le dolió a alguien o a muchos tenerlo disponible, pero además sólo significa que o bien se estimó mal el gasto proyectado o no hubo capacidad de ejecución del mismo. En cualquier caso el daño está hecho, no hay nada de qué alegrarse.

Hacia un presupuesto base cero, es decir empezar por el análisis del gasto, en tono crítico de modo de eliminar vacantes innecesarias y gastos superfluos el camino es de cinco años y no de los meses en que con el agua al cuello se hacen todo tipo de negociaciones y cambios de figuritas para lograr lo que será una vez más un mayor torniquete asfixiante de la clase media mientras que quienes tiene el poder de pedir no cejan en sus ansias de gastar.

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