El 3 de enero de este año Venezuela cambió. Podemos discutir muchísimo -y con razón- sobre la legitimidad, la oportunidad o los enormes desafíos jurídicos y diplomáticos que plantea una intervención de este tipo. Pero aquí no pretendo abordar ese debate, sino observar cómo ha cambiado el clima social y político entre venezolanos que han sufrido décadas de autoritarismo y destrucción económica.
Es lógico que todavía se escuchen muchas voces negativas y escépticas. Después de todo, la dictadura no cayó, y quienes hoy ejercen el poder en Caracas no dejan de ser también actores asociados a prácticas criminales y al saqueo sistemático de su propio país. La pobreza sigue siendo enorme, la infraestructura colapsada y la inflación es la más alta del mundo. El regreso de la democracia no está garantizado y aún queda un largo camino por recorrer.
Y sin embargo, conversando con líderes sociales y activistas venezolanos -personas que han vivido en carne propia la represión, el exilio y la pérdida- surge un optimismo que resulta realmente conmovedor. Hay un brillo en sus ojos que yo nunca había visto entre quienes han resistido al chavismo. Ese optimismo no está basado en esperanzas abstractas, sino en hechos concretos.
Un ejemplo son las recientes liberaciones de presos políticos. Se liberaron cientos de detenidos por motivos políticos. Si bien muchos aún permanecen tras las rejas y las críticas señalan que la ley es insuficiente, el simple avance de estas libertades básicas representa un cambio de clima político que hasta hace poco parecía fuera de alcance.
Para activistas y think tanks como CEDICE liderado por la gran amiga Rocío Guijarro, estas liberaciones son símbolos poderosos. Personas como Jesús Armas o María Oropeza, formadas en el seno de esa organización, encarnan para muchos la idea de que la lucha por la libertad no ha sido en vano.
Otra novedad es la potencia del liderazgo que hay en la oposición democrática venezolana. La figura de María Corina Machado, con un claro mensaje pro-democracia y una agenda de reformas ambiciosa, ha generado un foco de unidad y esperanza que había sido difícil de consolidar en años previos de fragmentación. Todo indica que ella está preparando su vuelta a su país a seguir dando la pelea en esta nueva etapa. No hay dudas que esto será un hito popular masivo que seguirá empujando la democratización.
Otra novedad relevante de estos días es un leve viraje en el discurso de EEUU. Marco Rubio comenzó a hablar de la democratización como condición para la reconstrucción y no solo como punto de llegada final.
Claro que aún falta mucho. No está claro cómo se completará la salida del régimen, si habrá nuevas elecciones transparentes o si se respetarán las que ganó la oposición en julio de 2024. Luego vendrán años de trabajo para reconstruir instituciones, atraer inversión y restablecer la confianza en un país que estuvo golpeado por la corrupción y el autoritarismo.
Los amigos venezolanos saben, mejor que nadie, la complejidad de lo que está por delante. Pero aún sabiéndolo, en estos días hay un gesto de esperanza. Muchos que ya creían que no verían caer la dictadura comienzan a soñar su vuelta e imaginar su rol en la reconstrucción del país.