El tiempo pasa. Cuando uno se pone a sacar cuentas advierte que todo pasó hace 20 o 30 años atrás. Así fue la semana pasada, cuando acompañé al doctor Lacalle en parte de su gira política por Maldonado y Rocha.
Con el ex presidente del país y —hasta hace poco— presidente del Partido Nacional he vivido muchas circunstancias vinculadas a la acción cívica desde la infancia republicana. Reuniones, asambleas, gesta tribunicia, organización del voto, entrega al servicio del bien común y avatares de diversa índole, en donde siempre tuve la oportunidad de sentir la fortaleza de su trabajo y de su liderazgo. Con encuentros y algún desencuentro, pero —como diría Herrera— "siempre a tajo de sur a norte" sintiendo que no quedaba apero alguno del recado por el camino.
Ahora, limitado en la jornada quien escribe por imposiciones de lo cotidiano, pude revivir por un rato las experiencias inolvidables nacidas al amparo del calor popular.
Hace 20 años el escribano Dardo Ortiz me convocó para colaborar con el nacionalismo y el herrerismo, con una legión de queridos correligionarios en el departamento de Rocha. Era una tarea difícil, ya que claramente íbamos a enfrentar a una mayoría partidaria que estaba cantada de antemano. Allá fuimos, en el amanecer de la restauración democrática y cumplimos de la mejor forma que pudimos, de la mano —entre otros— de Antonio Gabito Barrios, caudillo secular, en el acierto o el error siempre abrazado a la causa de las clases humildes.
Como en todos los momentos formados en la vieja escuela de dirigentes del partido, no hubo rincón hasta el que llegar se pudiese que quedase fuera de la agenda confeccionada por los baqueanos de nuestra querida corporación cívica. Ahora, con la "caravana de la victoria", después de tanto tiempo con la emoción que nos brota de constatar muchas ausencias de personas queridas, he tenido la oportunidad de recorrer el departamento de Rocha, y reencontrar amigas y amigos con los que compartimos más que una movilización un sentido de responsabilidad por el bien común.
He visto nueva dirigencia. Mujeres que claman por un espacio de conducción y compatriotas jóvenes que en muchos casos, ya traen la formación que les ha dado el asumir responsabilidades de gobierno. Ello permite sentir al Partido vivo en el recuerdo de sus memorias ilustres y en la convicción ejercida de una nueva generación que pide asignación de responsabilidades.
Después del silencio que impone el sentimiento de gobernabilidad y de sobrellevar los agravios de la protesta sin patria, mi percepción personal, la de piel, la que nadie nos contó y la que vivimos, me dice que el nacionalismo está de pie, revoleando la melena de león, siendo el rey de un mañana de esperanza.
Es cierto que en el Partido hay una lucha interna, cuyos protagonistas principales son el doctor Luis Alberto Lacalle y el doctor Jorge Larrañaga. El próximo 27 de junio, en una celebración de libertad y voto voluntario, la ciudadanía nacionalista y los ciudadanos independientes que se afilien a contribuir a la definición de la candidatura presidencial partidaria, estarán signando un determinado destino para el nacionalismo y la República. Es esta una confrontación sin agravios, encolumnada a través de propuestas diversas, la que —por lo mismo— contribuye al engrandecimiento de una institución —como lo es el Partido Nacional— expresión de democracia y de justicia social. He visto —días atrás— a la corporación, en el acuerdo y la controversia interna, en marcha y... adelante.