En una interesante entrevista concedida a la periodista Luciana Vázquez de La Nación, Ernesto Talvi historia el proceso de estabilización económica de Uruguay, a partir del ajuste implementado por Lacalle Herrera -que derrotó la inflación- y la continuidad macroeconómica de los gobiernos posteriores, a la que tampoco fue ajeno el ciclo frenteamplista, por la garantía de pragmatismo que cupo al exministro y exvicepresidente Danilo Astori.
Está demás decir que me considero incapaz de discutir con mi querido amigo Ernesto sobre temas económicos. En las luces que asigna a Astori, yo aplicaría desde mis limitados conocimientos, una sombra. Siempre me resultó indefendible la reforma tributaria de 2007, con un impuesto a la renta de las personas físicas que a mi juicio se transformó más bien en una penalización a los ingresos de profesionales y pequeños y medianos empresarios. Pero no hay dudas de que Astori y los otros ministros que gestionaron bajo su influencia, constituyeron un dique de contención al voluntarismo ignorante de los sectores radicales del FA.
Más allá de esto, el punto en que me parece más importante discrepar con mi amigo Ernesto refiere a su visión sobre la composición ideológica actual del FA. Declara a la periodista de la Nación que “hoy el Frente Amplio es una fuerza mainstream, una fuerza de centroizquierda, moderada, que se reinventa”. Seguramente pensando en el respaldo que el mujiquismo da al ministro Oddone, refiere que “José Mujica, con un criterio estratégico, reinventa al MPP, los ex guerrilleros, como el ala moderada del Frente Amplio. Hoy tenemos al Partido Comunista por un lado y un ala moderada por el otro”.
No lo comparto, aunque me consta que esta es la idea que se maneja en algunos entornos académicos.
Si aceptamos que la supremacía del MPP reposiciona al Frente como de centroizquierda, deberíamos admitir entonces que su némesis, la Coalición Republicana, es “la derecha”, algo que está muy lejos de la realidad y que es claramente funcional al discurso simplista del FA. En escasos nueve meses de gobierno, son varias las medidas que demuestran que los radicales del FA pesan más de lo que parece. Las declaraciones usualmente ambiguas del presidente Orsi no obedecen a una incapacidad de comunicación personal, sino que son el reflejo del difícil equilibrio que se ve obligado a hacer entre las definiciones pragmáticas que atraigan la inversión y generen confianza en los mercados, y el ideologismo ramplón que comparten tanto los radicales como muchos emepepistas.
Coincido con Ernesto en que el ciclo del FA, Astori mediante, aportó el mantenimiento de una estabilidad macroeconómica de la que careció el bochornoso kirchnerismo argentino. Pero de ahí a evaluar que la diferencia entre Coalición y Frente es de meros énfasis, hay un abismo.
No hay que regalar al adversario el centro del espectro político.
Los coalicionistas tenemos la obligación cívica de mirar más allá de nuestros (pequeños) partidos y construir una opción conjunta asentada en las bases filosóficas que nos definen: un republicanismo liberal, defensor tanto de la iniciativa privada como de la educación pública, en tanto motor de movilidad social.
Argentina y ahora también Chile, son la evidencia de que los pueblos se están hartando del dogma sesentista.