Después de casi un mes navegando por el mar de Sumatra, blindado de las noticias del país, el regreso me recibió con un golpe de realidad. Tan duro como el que me asestó, al aterrizar en Carrasco, el frío cortante de un otoño que parece haber venido más bravo que nunca.
Aunque si comparamos ese golpe con el resultado de la encuesta de popularidad que recibió el presidente Yamandú Orsi, es apenas una caricia. Me refiero a ese lapidario 48% de ciudadanos que rechaza su gestión.
No es un susto para despertar al mamado ni una falla de comunicación. Tampoco una foto aislada que se revela injusta con la película completa, como anduvieron diciendo por ahí algunos maestros de la justificación y el engaño. Es mala gestión. Es incumplimiento de promesas, ausencia de rumbo y una irremediable falta de liderazgo.
Orsi está en el Palacio de Gobierno pero es evidente que preferiría andar navegando por el mar de Sumatra. O en el Ártico. O en cualquier otro lugar, siempre y cuando se encuentre bien lejos de esa responsabilidad que vaya a saber por qué artes de la política y del destino, le encajaron al pobre.
Aun así, nobleza obliga, hay que reconocerle una versatilidad notable: un día te jerarquiza un acto antiimperialista del 1º de mayo y al siguiente va y se monta en un porta aviones del imperialismo, provocando el llanto de los ultras que creyeron, votaron y se clavaron.
Sea como sea, el breve aislamiento noticioso que se autoimpuso este columnista no justifica sorpresa alguna. Las desavenencias de nuestro presidente con su cargo son algo a lo que todos los uruguayos estamos habituados.
Como también hay que empezar a habituarse a los tiempos modernos, donde los niños pueden ser niñas, las niñas niños y, eventualmente, todos niñes. En ese universo donde nada es imposible, apareció una madre luchando por el derecho de su hija “pene portante” a usar el vestuario femenino de un club deportivo. La expresión entrecomillada no la inventó quien esto firma, sino que existe y refiere a una “niña trans”, es decir, una persona menor de edad que se identifica como niña pero nació con genitales masculinos.
Su cédula de identidad es femenina y, aun así, las autoridades del club entendieron que debía ingresar al vestuario de varones. Tal vez porque consideran que no es precisamente el documento lo que puede generar incomodidad o vulnerar los derechos del resto de los socios. El asunto pone en un brete a cualquiera que intente definir hasta dónde los derechos de una niña trans entran en conflicto con los de otras niñas que podrían no sentirse cómodas compartiendo un vestuario con alguien biológicamente varón.
Además de estas novedades que con tanta hospitalidad reciben al que regresa a su tierra, también me encontré con que Peñarol recordó a los desaparecidos de la dictadura militar, pero olvidó al glorioso Nando Morena. Que la senadora Blanca Rodríguez ya no ve desde su ventana gente en situación de calle, y con esa ceguera logró adicionar una perlita más al collar que nos ha venido entregando desde que el fallecido líder tupamaro, José Mujica, le regaló un lugar de privilegio en el sistema político. Que el ex presidente boliviano, amigo de nuestro gobierno, condenado por trata y abuso de menores, está intentando voltear el gobierno democrático de su país.
Le soy sincero, amigo lector, nunca pensé que volver a puerto pudiera parecerse tanto a un naufragio.