Sorpresas y estrategias

Todo indicaba que la noche del domingo de las elecciones internas iba a transcurrir sin mayores sorpresas. Pero hubo sorpresas y llegaron sobre la medianoche cuando el candidato electo del Partido Nacional, Álvaro Delgado anunció a su compañera de fórmula. Desconcierto, desazón y hasta indignación, fueron algunos de los sentimientos que muchos blancos expresaron en las redes sociales esa misma noche y en los días siguientes. Es que el nombre de Valeria Ripoll no estaba en la cabeza de casi nadie.

A casi una semana de la confirmación de la fórmula, podemos afirmar que ya tuvo un efecto positivo, desplazar casi por completo del panorama informativo a la dupla Yamandú Orsi y Carolina Cosse. Y algo que debe haber superado los cálculos del propio candidato blanco: los temas excluyentes en el ámbito político siguen siendo hoy Ripoll aún más que Delgado y Andrés Ojeda y su triunfo en el Partido Colorado.

Sería ingenuo pensar que la elección de Ripoll no fue pergeñada junto o por el presidente Luis Lacalle Pou. Una resolución tan audaz y que tendrá consecuencias favorables o desfavorables en el corto y largo plazo para el Partido Nacional y la Coalición Republicana, no pudo ser adoptada y consultada solo “con la almohada”, como sostuvo Delgado horas antes de las internas.

La elección de Ripoll y su consecuente impacto en la opinión pública, dejó en un plano secundario el otro anuncio hecho por Delgado la noche del domingo: Lacalle Pou encabezará todas las listas al Senado por el Partido Nacional en las elecciones nacionales de octubre. Confirmó así que el actual jefe de Estado, volverá a la Cámara Alta luego que finalice su mandato el próximo 1o de marzo. De esta forma, Lacalle Pou seguirá el camino que eligieron los expresidentes Luis Batlle Berres y Julio María Sanguinetti (no así su padre Luis Alberto Lacalle Herrera), cuando dejaron la jefatura del Estado y dieron batalla desde el Senado por regresar a la Casa de Gobierno en el período siguiente. Hasta el domingo, la Presidencia del Directorio del Partido Nacional era el lugar que tenía reservado el jefe de Estado. Ahora sabemos que volverá al Parlamento para controlar y liderar desde allí a su partido y ¿por qué no?, a la Coalición Republicana en un probable segundo gobierno. ¿No será también lo suyo, llegado el momento, una Vicepresidencia de hecho o ad hoc?

Es cierto que la designación de Ripoll no ha sido aún procesada por buena parte de la ciudadanía blanca y por muchos dirigentes que, al menos, han tenido la prudencia de no expresar públicamente o en los medios y redes su disgusto.

Quien ha dado una lección ha sido Laura Raffo. Ella bien podría tener facturas para cobrar por la decisión que la desplazó de un lugar que, hasta que se abrieron las urnas el domingo, todos dábamos como seguro, ha adoptado una actitud ejemplar.

“Soy más blanca que nunca, sigo poniendo a los uruguayos primero y, por lo tanto, voy a trabajar con toda mi fuerza para que el Partido Nacional esté unido, para que tengamos una gran elección junto a los partidos de la coalición y para que podamos asegurar que continúen estas transformaciones que inició el gobierno de Luis Lacalle Pou”, dijo el jueves luego de reunirse con Delgado. ¿No es este el mejor legado wilsonista puesto en práctica?

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