La tensión entre las dos izquierdas del Frente Amplio (FA) no es nueva. Pero esta vez se verifica en un escenario ya de por sí corrido hacia la izquierda y con uno de los antagonistas mucho más débil que antes.
Los dos equipos económicos ya coexistieron en tiempos de la presidencia de Mujica. Uno fue gastador indomable y estatista dogmático. El otro, más capacitado técnicamente y consciente de las limitaciones estructurales y de los riesgos para el país de los desórdenes macroeconómicos, intentó limitar los desastres que comportaba la actitud de los Sendic gobernantes. Obtuvo éxitos y fracasos. Fue el pueblo de izquierda quien terminó laudando con su voto: el polo astorista mermó mucho su peso y es actualmente muy minoritario dentro del FA.
Hoy la izquierda tiene un polo fortísimo en el movimiento de participación popular (MPP). En tiempos de Mujica presidente, era el sector legitimador del gasto. Hoy, pragmático a más no poder, es el sostén político de Oddone, que viene siendo el protagonista mayor del equipo económico responsable con los equilibrios macroeconómicos. Con todo, es una responsabilidad que sigue siendo de izquierda: mantiene el gasto público alto, erra en sus perspectivas de crecimiento y trata de recaudar más para sostener la expansión del Estado. Empero, al menos no encabeza la embestida contra las Afaps, por ejemplo, sino que trata de encauzarla; o es consciente de que no hay que aumentar el gasto en la próxima rendición de cuentas.
El problema es que todo el mundo dentro y fuera de Uruguay se da cuenta de que ese polo batalla con un brazo atado. Por un lado, el pragmatismo del MPP trae implícito un posible cambio de posición en cualquier momento, y eso hace que Oddone parezca muy firme pero también muy frágil. Sabido es que a medida que avance el tiempo de gobierno decaerá la autoridad presidencial, ya que empezará a clarear el horizonte de la interna. Esto querrá decir que el imperativo de seducir a las bases frenteamplistas hará que cualquier política de tradición astorista despedirá, naturalmente, un pésimo olor en la interna.
Por otro lado, el sentido común del FA se ha ido corriendo paulatinamente hacia la izquierda. El equipo económico más astorista de 2010, por ejemplo, jamás hubiera aceptado poner en duda las Afaps o azuzar el impuesto al 1% más rico. Hoy, figuras asociadas a aquel equipo, como el Cinve de Lorenzo o el propio Bergara desde Montevideo, aceptan una cosa y/o la otra. Oddone, finalmente, termina estando muy solo. Se apoya para defender su política en una barra del MPP de capacidad técnica muy reducida y que además es capaz de dar un volantazo sin avisar. Y se enfrenta a un polo izquierdista mucho más vigoroso y legitimado que el que podía representar un Olesker en 2010.
¿Llegó la izquierda al final del camino? Dependerá de lo que haga la oposición. Si no percibe que el FA es uno solo y juega a apoyar el polo de Oddone para evitar que las Afaps caigan, el riesgo país suba, la inversión se frene, y vayamos pues una crisis importante, entonces la izquierda tiene rollo para rato. Si, por el contrario, golpea duramente a una izquierda que así como va no dará pie con bola en seguridad y economía, entonces el FA recibirá su porrazo electoral más grande desde 1999. Hay que seguir golpeando.