Nuestro mundo está cambiando y cada vez más rápido.
La elección de Trump es otro reciente salto. Perturbador en su esencia… apunta a volver a tiempos cuando EEUU era la superpotencia mundial y promete “Make America Great Again (MAGA). Aislarse, pese que el planeta es cada vez más permeable e intercomunicado. Ya dijo que saldrá de los acuerdos climáticos. Con relación a otros temas, los nombramientos recientes así lo pronostican. No sorprendería una próxima reiteración de la Doctrina Monroe con Rubio a la cabeza. Su mirada es hacia el Pacífico oeste y sur.
Su desafío y principal adversario es el gran y resurgente imperio chino. La India y Latinoamérica, como área de influencia indisputable aunque tampoco de gran interés, molesto por la gran inmigración “latina” con la cual ha prometido lidiar.
Irrumpe en la arquitectura geopolítica formada al terminar la 2da Guerra Mundial (justamente, para evitar la repetición de esa terrible experiencia). Trump cuestiona ahora su existencia, costos y burocracia. Anuncia que quiere alejarse de los compromisos y alianzas que no le sean cómodas o momentáneamente convenientes. Busca imponer una cultura transaccional. “Me das. Te doy, para bien o para mal”.
Impulsado por los EEUU, hace unos 80 años atrás se creó la organización de las Naciones Unidas (ONU) la cual ha demostrado ser mayormente inútil, dado que uno de los actores es miembro permanente del Consejo de Seguridad y a la vez, promotor de un conflicto.
Hace menos de 30 años colapsó la vetusta estructura de la URSS. De sus escombros surgió nuevamente Rusia, la que al encontrar en Putin -un nuevo zar- busca mayor inserción mundial acorde con su voluntad de ejercer el poder, plasmado en históricas ambiciones territoriales, con sus viejos vicios y reivindicaciones, llevando a cuestas un enorme arsenal nuclear del que trata de sacar provecho amenazando a posibles adversarios que, según su cultura histórica, son (salvo los muy lejanos) todos enemigos, los que no se encuentren subyugados o alineados con ellos. Entender eso es importante.
Rusia debería sentirse limitada en sus ambiciones por ser y por muchos cuerpos, el país más grande del mundo. Poco poblado, con una tasa de natalidad negativa, pero no sucede así.
Europa parece cada vez más irrelevante en el concierto universal, acosada por la crisis. Un museo, que nos gusta visitar y pasarlo bien. Donde, los pobres del mundo que tienen un pequeño ahorro se lo entregan a los piratas -traficantes humanos- para que los embarquen en precarias chalupas o en camiones y los depositen en las costas de la UE o Inglaterra, si no mueren antes. Es una invasión no militar, pero con efectos similares a la de una conquista a largo plazo. Recuerda lo que pasó con el Imperio Romano a mitad del primer milenio. Los pobres e ignorantes del noreste de Europa descendieron a la bota de Italia en busca de mejores oportunidades de vida. Como ahora, los afganos, africanos y otros pero al revés. Actualmente van del sur al norte.
¿Y cómo está Europa para los europeos? La impresión que uno obtiene es de regular para abajo. Mucha confusión. El gran proyecto de la UE ha sufrido varios golpes; primero el Brexit y ahora la incertidumbre y el latente peligro planteado por la invasión rusa de Ucrania. El riesgo que se desborde; la falta de unidad entre los socios y aliados respecto de cómo responder al evento que sigue evolucionado; la migración de ucranianos, algunos huyendo de la picadora de carne rusa y también de rusos, muchos de los cuales vemos ahora con más frecuencia por la zona del Plata. Consecuencia de esta intranquilidad, se ha reducido el nivel de inversión en Europa.
Los europeos ricos colocan más de su patrimonio afuera de su continente. Siempre lo han hecho, pero va en ciclos y ahora ha aumentado. Adónde miran; pues a Australia, Nueva Zelanda si bien uno de ellos comentaba el otro día: “esos quedan tan lejos… yo prefiero el continente americano, EEUU, Canadá, Uruguay Argentina y Chile aunque los últimos tres tengan sus bemoles. A Chile se le cortó la racha de gobiernos buenos y Argentina es una promesa pero tiene mucho que corregir y no sabemos si Milei logrará enderezar ese barco con tanto potencial pero tantas averías. Respecto al Uruguay, si el actual gobierno es reelecto “sería una señal más que positiva para ese país”, comentaba el otro día un miembro de una importante familia europea, en tratativas para invertir en Uruguay.
Y los países europeos. Como se encuentran? Intranquilos. Ansiosos. Alemania, habiendo perdido el acceso al gas y petróleo rusos, su industria ha dejado de ser la locomotora de otros tiempos. Sus costos han subido. Su estabilidad política está afectada. Sus icónicas marcas automotrices sufren la competencia china y japonesa. Además deben gastar más en defensa. Francia, con su gran producción de energía de origen atómico, tiene ciertas ventajas pero al haber sido colonizada por los musulmanes padece una carga cultural, difícil de aceptar pero común, a otros países de la UE. También las elecciones recientes la han dejado más inestable igual que otros con gobiernos relativamente nuevos, que buscan consolidar su rumbo. España con la desastrosa riada de Valencia deberá remar mucho para que el partido socialista retome el mando. Es inexplicable el cortocircuito entre el momento que se dio la voz de alerta y la falta de reacción de las autoridades. Malo para Sánchez. Se podría haber salvado muchas vidas y evitados destrozos. La Meloni parece ser popular y con agallas. Italia luce como mejor. Polonia tiene un gobierno de coalición frágil y si Alemania tiene otro año de recesión, se sentirá allí también. Hungría es díscola.
El bienestar próximo de Europa dependerá de si Trump y Putin lograrán convocar a un alto el fuego para sentar las bases de un acuerdo. Conjuntamente los dos tienen lo que hace fal- ta para obligar a Zelenski a pactar la sesión de Crimea y parte del este ucraniano. De lo contrario Rusia, con grandes pérdidas, como lo ha hecho siempre, conquistará próximamente Odessa…