Revolución de terciopelo

Álvaro Casal

Estamos a veinte años de la "revolución de terciopelo". Es decir, de la caída no cruenta del régimen comunista de Checoslovaquia. 1989 era tiempo de profundos cambios en Europa Oriental. Tumbado el muro de Berlín, temblequeando el imperio soviético, no demoraron en concretarse movimientos de liberación dentro de varias naciones de esa región.

En Checoslovaquia, marcó un rumbo significativo, la huelga general del 27 de noviembre de aquel año. Los comunistas gobernantes se dieron cuenta que no podrían contar con apoyo soviético para reprimirla y para afianzarlos en el poder como había ocurrido en 1968. Fue así que abandonaron el poder. G. Husak renunció el 10 de diciembre al cargo de Presidente y velozmente los acontecimientos se precipitaron.

Antes de finalizar 1989 el intelectual anticomunista Vaclav Havel accedió a la jefatura del Estado y Alexander Dubcek ocupó la presidencia del Parlamento. En junio de 1990 se celebraron elecciones que ratificaron la caída del comunismo y el retorno a la libertad.

Contado así, todo esto luce casi indoloro. Pero es bueno recordar que para que la democracia volviera a ese país, tuvieron que transcurrir nada menos que cuatro décadas, las cuales por cierto que no habían sido precedidas por tiempos amables: los nazis habían conquistado Checoslovaquia al amparo de su pacto con los soviéticos, suscrito el 19 de agosto de 1939 por Molotov y Von Ribbentrop.

Al finalizar la Segunda Guerra, Edward Benes, que había dirigido el gobierno en el exilio establecido en Londres, retornó como presidente. Corría el año 1945. Pero en las elecciones de 1946 el Partido Comunista se convirtió en el ganador en el territorio checo y aunque el Partido Demócrata salió triunfante en Eslovaquia, en febrero de 1948 los comunistas tomaron el poder y manteniendo una ficción de pluralismo, se mantuvieron asidos al mismo con el respaldo de la URSS hasta 1989.

Checoslovaquia tuvo una evolución económica mejor que la sus vecinos de Europa Oriental, pero no faltó oportunidad para que éstos le recordaran que no era libre. En respuesta a la breve liberalización de 1968, llamada "la Primavera de Praga", los ejércitos del bloque oriental invadieron al país para que el control político centralizado por el "Partido Comunista de Checoslovaquia" siguiera al mando.

Se vivieron años terribles, marcados por la delación, el control policial y hasta la negación del trabajo y la enseñanza a los disidentes. Para estas actividades "sucias", las fuerzas del orden contaban con el apoyo suplementario de las "milicias populares" (comunistas), que reunieron arsenales privados que abarcaban desde garrotes hasta ametralladoras, pasando por fusiles, pistolas, morteros y bazucas. Esta es la evocación del trayecto que tuvo que recorrer un país para recuperar las libertades perdidas cuarenta años antes.

Evocación que casualmente coincide con los tiempos electorales que ha estado viviendo Uruguay. Tiempos electorales aprovechados por comunistas y afines que se proclaman partidarios de la libertad. Asimismo, marcados por una creciente "hermandad" encabezada por autoritarios como Hugo Chávez y los hermanos Castro y hasta por el descubrimiento en Montevideo, de un extraño arsenal privado.

¿Encontraste un error?

Reportar

Te puede interesar