Reginald Dyer, lancero de Bengala

Luciano Álvarez

Amritsar es una ciudad al Norte de la India, en el Penyab. Fundada en 1577, sobre la próspera ruta de la seda, nació para ser la capital de los sijs, una corriente religiosa nacida en el siglo XV que sincretiza un monoteísmo estricto, de raíz musulmana, con tradiciones hindúes. Se estima en unos 23 millones el número de practicantes, la inmensa mayoría vive en el Panyab.

Amritsar recibe millones de peregrinos y turistas que recorren un laberinto de callejuelas y bazares del barrio antiguo, para encontrarse con el estanque sagrado de Amrit Sarovar en medio del cual parece flotar el Templo dorado, cuyo techo está cubierto de cien kilos de oro.

Reginald Dyer nació en 1864, en Murree, una ciudad del Penyab, se educó en Irlanda, ingresó a la escuela militar y participó en la represión de los independentistas en Belfast, luego combatió en el Lejano Oriente, para volver a la India con el grado de teniente del 41º cuerpo de Bengala. Pasó la Primera Guerra Mundial en Afganistán y llegó a Coronel.

Viendo sus fotos no cuesta imaginarlo como uno de los gallardos protagonistas de películas como "Gunga Din" o "Los tres lanceros de Bengala". Sin embargo la profusa Enciclopedia Británica, le dedica un escueto renglón: "General británico recordado por su brutal manejo de los disturbios de Amristar, India, en 1919."

En 1919, apenas terminada la guerra y mientras los vencedores discutían en Versalles sobre el nuevo orden internacional, Lord Montagu, secretario de Estado para la India, se comprometía al "desarrollo gradual de las instituciones libres en la India, con vistas al gobierno propio definitivo."

Los británicos habían reclutado un millón y medio de soldados en la India, de los cuales murieron 25.000; la autonomía era la consecuencia más justa del esfuerzo de las colonias. Pero el problema radicaba en el tiempo sobrentendido. Para los ingleses podría significar siglos, para los indios, mañana.

Liderados por el partido del Congreso y la Liga Musulmana exigieron mayor y más rápida autonomía. Los británicos respondieron ampliando las medidas de seguridad.

En 1919 todo el subcontinente indio era controlado por sólo 77.000 soldados. El secreto residía en que los oficiales británicos habían sido enseñados a pensar y actuar rápidamente ante cualquier intento de disturbio. Reginald Dyer, que ya era un veterano militar de 55 años, lo tenía claro.

En marzo de 1919 se promulgó la Ley Rowlatt, que autorizaba al Virrey de la India a censurar la prensa, detener y encarcelar a cualquier sospechoso de sedición o traición, sin garantías.

Los indios se sintieron ultrajados. El 6 de abril Mahatma Gandhi convocó un "hartal" -un día de oración y ayuno- que tenía los efectos de un paro general, para protestar contra la ley.

En Amristar fueron detenidos dos líderes que respondían al Gandhi; las protestas exigiendo su liberación se volvieron violentas, hubo una decena de muertos entre los manifestantes y éstos reaccionaron incendiando varios bancos, la estación del tren y la alcaldía. Murieron cinco civiles británicos. También agredieron y dejaron por muerta a una maestra misionera.

El gobernador impuso la ley marcial: toque de queda a las ocho de la tarde y prohibición de manifestaciones y reuniones públicas. El 11 de abril, llegaron a Amritsar 1.100 soldados. Reginald Dyer estaba al mando.

El 13 de abril es el año nuevo sij y la fiesta de las cosechas. Varios miles de personas se habían congregado para celebrar en un jardín público cerca del Templo Dorado llamado Jallianwalla Bagh.

A las cuatro de la tarde Dyer se enteró de la congregación, que violaba el estado de sitio, tomó cincuenta hombres, hizo que cargaran sus rifles y les dio un cargador de repuesto a cada uno.

Luego les dio instrucciones de apuntar abajo, disparar adonde la multitud estaba más concentrada y fijar el tiro sobre quienes intentasen escapar. Dispararon 1.650 balas. Las cifras oficiales fueron 379 muertos y 1.200 heridos. Seguramente el saldo real fue mucho más elevado.

Luego hizo flagelar a seis hombres y decretó que todos los "nativos" que pasaran por el lugar donde había sido atacada la maestra debían hacerlo arrastrándose por el suelo.

De regreso al cuartel, Dyer reportó a sus superiores que se había enfrentado a un ejército revolucionario. El gobernador Sir Michael O`Dwyer informó a Londres que "el efecto de los disparos fue saludable".

Pero la realidad de los hechos no pudo ocultarse por mucho tiempo y en octubre se instituyó una comisión para investigar lo sucedido. Dyer justificó sus acciones puesto que "su deber y su instinto de militar le habían dicho que disparase."

El castigo no pasó de una baja del ejército, lo que era a todas luces una suerte de indulto y fue enviado a Inglaterra.

Sus primeras declaraciones al desembarcar fueron: "Tenía que disparar. Tenía treinta segundos para decidir lo que hice. Todos los ingleses que me he encontrado en la India han aprobado mis acciones, por horribles que fueran."

La derecha británica lo consideró un héroe incomprendido y el Morning Post organizó una colecta a beneficio del hombre que había enfrentado "al núcleo de la rebelión en el Punjab con cincuenta rifles".

Recolectó 26.000 libras.

En el Parlamento, los Torys pidieron una moción de censura para Lord Montagu. Éste se defendió: "¿Se proponen retener a la India apelando al terrorismo, la humillación racial y la subordinación y el miedo, o piensan apoyar el dominio sobre la buena voluntad, cada vez más firme del pueblo del Imperio Indio?".

Winston Churchill apoyó al gobierno y sostuvo que el acto de Dyer era "un episodio que a mi juicio no tiene precedentes ni análogos en la historia moderna del Imperio Británico… un hecho monstruoso."

Cuando Dyer murió, en 1927, el Morning Post tituló: "Murió el hombre que salvó la India". No tenían idea de su contribución para debilitar los cimientos del Imperio Británico, que ocupaba, en 1919, un cuarto de la superficie de la tierra.

Amritsar viviría otras violencias. La más importante en 1984, cuando se atrincheraron en el Templo Dorado varios cientos de independentistas sijs armados bajo el mando del radical Jarnail Singh Bhindranwale.

La primera ministra Indira Gandhi ordenó el ataque. Entre los días 3 y 6 de junio de 1984, el Ejército asaltó el interior del Templo Dorado donde murieron 83 soldados y 492 civiles. Las consecuencias fueron atroces: miles de muertos en los disturbios subsiguientes y el asesinato de la propia Indira Gandhi.

En 1997 la pareja real británica llegó hasta Amritsar. El príncipe Felipe no tuvo mejor idea que comentar que la tragedia de Jallianwala Bagh había sido "sumamente exagerada".

La Reina Isabel II, por su lado, requerida sobre si pensaba expresar su pesar -incluso sus disculpas- por aquel hecho, mantuvo un total silencio. En el libro de visitas del Memorial, escribió simplemente: "Elizabeth R. October 14, 1997".

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