Recuerdos y culpas de Venezuela

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JUAN PABLO CORREA
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Viví en Venezuela los años 2007 y 2008. Llegue a ese país con alguna noción de su historia por haber leído a Francisco Herrera Luque y a Arturo Uslar Pietri. Ya el régimen oprimía con mano de hierro pero la situación no era tan catastrófica como ahora. Recorrí su preciosa geografía. Leí a Alberto Barrera, Manuel Caballero, Elias Pino Iturrieta y otros. Descubrí que Venezuela tenía una interesantísima literatura, me emocioné escuchando " Alma llanera" y disfruté las arepas. Entrevisté a Barrera, a Leopoldo Lopez, a Teodoro Petkoff y a legisladores chavistas.

En ese entonces me suscribí a "El Nacional". Me encantaba leer a sus excelentes columnistas y su suplemento "Papel literario" . Era un diario de referencia, con muy buenas plumas. No en vano fue fundado por Miguel Otero Silva, autor de la poderosa novela de corte social "Casas muertas". Admiraba su lucha quijotesca contra la dictadura y por la libertad.

La vida me llevó luego a Estados Unidos y Uruguay y ahora vivo en Suiza. Al principio seguía con apasionado interés lo que ocurría en Venezuela. Hacia 2014 y 2015 albergué esperanzas de que el régimen se derrumbase. Pero varios factores, entre ellos el apoyo cómplice de algunos países latinoamericanos a Nicolás Maduro, lo impidieron. Y, como tantos, caí en el desánimo. Aunque alguna charla ocasional con algún amigo que sigue allá reavivaba mi interés, hice lo que muchos hicieron en América Latina. Me olvidé un poco de Venezuela. O sea que, de cierta manera, la traicioné. Y siento una extraña culpa.

Me topé la semana pasada con la noticia del embargo de la sede de El Nacional. Y del fondo de la memoria me vino el recuerdo de mis días caraqueños y de que estuve en una fiesta de aniversario de ese diario. Pese a las perspectivas ya sombrías, había música y alegría.

No voy a mentir. Creo que la tiranía chavista está definitivamente consolidada. En la sufriente y convulsa América Latina, asolada por la pandemia, cada gobierno tiene ya mucho de que ocuparse fronteras adentro. Y eso juega para Maduro. Sin embargo, cómo me gustaría equivocarme y que algo, un milagro, hiciera caer a Maduro y sus cómplices y que la lucha abnegada del cada vez más acosado El Nacional y de tantos miles de sufrientes venezolanos se viese coronada por la victoria.

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