Desde el campo de batalla le llegan buenas noticias a Vladimir Putin, pero el mapa europeo muestra los errores que ha cometido desde el 2008 y ahora le causan derrotas geopolíticas.
La ofensiva ucraniana encontró una muralla. En el flanco oeste, obstruye su avance la inundación causada por la voladura de la represa Kajovka, mientras que desde la región de Zaporiya hacia el Este, la muralla incluye fortificaciones y campos minados.
A esas buenas noticias que llegan desde el frente, las contrapesan las malas noticias que llegan desde Europa.
Si lo que fue a buscar Zelenski a la cumbre de la OTAN fue el ingreso inmediato a la alianza atlántica, la frustración que mostró sería verdadera. Pero difícilmente haya creído que en Vilna se le abrirían las puertas. Y lo que encontró no fue poco: el compromiso de mantener el respaldo militar, y también el compromiso de negociar el ingreso de Ucrania a la OTAN ni bien acabe la guerra.
Otra mala noticia para Putin fue que Recep Erdogán dijera que “Ucrania merece entrar a la OTAN”. El presidente turco tiene afinidad con el líder ruso, pero le dio dos malos tragos: apoyó la entrada de Ucrania y desbloqueó el ingreso de Suecia al bloque militar.
Suecia implica un tiro por la culata para Putin. Quiso evitar que a la OTAN ingresara Ucrania, pero la invasión hizo que ingresaran Finlandia y Suecia.
La razón principal de la invasión fue impedir que la alianza atlántica creciera. Tras la caída en el 2014 de Viktor Yanukovich, el último presidente pro-ruso, los gobiernos ucranianos comenzaron a reclamar el ingreso a la UE y a la OTAN.
Particular énfasis puso en ese intento Zelenski, porque ni bien Yanukovich escapó a Rusia, se produjo la ocupación de Crimea.
Finlandia y Suecia siempre estuvieron cómodos en la posición de “neutralidad” que adoptaron durante la Guerra Fría y mantuvieron después de finalizada la Confrontación Este-Oeste. Todo cambió cuando Putin invadió Ucrania. Esa guerra injustificada hizo que ambos países nórdicos sintieran que también ellos podían ser blanco del belicismo expansionista del Kremlin. Entonces pidieron el ingreso que primero obtuvo Helsinki y ahora Estocolmo.
¿Por qué ni suecos ni finlandeses temieron a las amenazas de guerra con que Putin intentó que desistieran? Quizá por el error que cometió el jefe del Kremlin tras la cumbre de la OTAN en el 2008. En aquel cónclave realizado en Bucarest, el bloque atlántico rechazó el pedido de ingreso que habían hecho Ucrania y Georgia. Sin embargo, poco después, Rusia atacó al país caucásico, arrebatándole los territorios de Abjasia y Osetia del Sur.
Si georgianos y ucranianos fueron atacados a pesar de no haber sido incorporados a la OTAN, qué sentido tiene para suecos y fineses permanecer afuera, si lo mismo pueden ser atacados.
Lo ocurrido tras la cumbre de Bucarest le está pasando factura a Rusia en el mapa de Europa, donde la OTAN crece más que el territorio ruso.
El argumento ruso de que invadía Ucrania para evitar que la OTAN crezca, está resultando contraproducente. Intentando evitar una incorporación, Putin provocó dos incorporaciones. Otra consecuencia negativa fue que la alianza atlántica superó la crisis que Trump había agudizado.
Además, la guerra en Ucrania hizo que la OTAN acrecentara y modernizara sus arsenales.
El otro efecto negativo es que Turquía acaba de acercarse al bloque occidental, del que llevaba años distanciándose. Erdogán parecía empeñado en aliarse a Rusia y crear un hinterland centroasiático. Ese proceso lo alejaba de las potencias occidentales. Parecía que, tarde o temprano, Turquía terminaría saliendo de la OTAN. Pero la guerra creó situaciones de las que Erdogán supo sacar ventajas.
Para que un país pueda entrar en la alianza necesita la aprobación de todos los miembros. Con esa llave en sus manos, Erdogán usó la situación para presionar a Suecia sobre la cuestión kurda.
Para obtener la aprobación turca, el gobierno sueco tuvo que tomar distancia del PKK, que propone crear un Kurdistán independiente en el sur de Anatolia, además de restar apoyo a los peshmergas (milicianos kurdos) del noreste de Siria y norte de Irak.
Erdogán también obtuvo de Joe Biden un compromiso por los aviones F16 que Turquía lleva tiempo reclamando. Y otra ventaja: por abrirle la puerta a Suecia, había exigido a Bruselas el reinicio de las congeladas tratativas sobre el ingreso de Turquía a la UE.
Hace medio siglo los turcos pidieron ingresar a lo que por entonces se llamaba Comunidad Económica Europa. Europa fue siempre reacia a incorporar un país musulmán, con democracia de baja intensidad y proclividad a cometer violaciones a los DD.HH. Pero con Rusia invadiendo Ucrania y apuntándola con sus misiles nucleares, para Europa, fortalecer la OTAN con el ingreso de Suecia, es una prioridad que amerita negociar el ingreso de Turquía.
La posibilidad de alcanzar todos esos objetivos gracias al desquicio geopolítico causado por Putin, hizo que Erdogán diera un par de pasos hacia el Oeste, después de varios años deslizándose hacia al Kremlin.