Propaganda y totalitarismo

LUCIANO ÁLVAREZ

Adolf Hitler se definió a sí mismo como un propagandista antes que un político. Así lo corrobora Ian Kershaw en una monumental biografía de 1332 páginas (2008): "Más que ningún otro político de su época, expresó en voz alta los miedos, los rencores y los prejuicios extraordinariamente profundos de la gente corriente. (…) Si no se hubieran dado las condiciones únicas en las que llegó a adquirir importancia, Hitler no habría sido nada." Lo mismo podría decirse de toda la camarilla nazi.

Dice Hanna Arendt que "el totalitarismo en el poder sustituye invariablemente a todos los talentos de primera fila, sean cuales fueren sus simpatías, por aquellos fanáticos y chiflados cuya falta de inteligencia y de creatividad sigue siendo la mejor garantía de su lealtad." Esta tesis necesita un complemento que la propia Arendt observó con lucidez en La banalidad del mal: el trabajo casi anónimo, ordenado, obediente y tenaz de un ejército de individuos que hagan funcionar el estado.

Esta mezcla de delirantes y burócratas explica en buena parte el éxito de ciertas tiranías y gobiernos autoritarios.

Hitler, que usaba el bluff del jugador y le sobraba astucia para el corto plazo, era un perezoso incurable. Sólo había una excepción a la pereza de Hitler respecto a las tareas que requerían sentarse y trabajar: sus discursos. Para prepararlos se encerraba en su habitación y era capaz de fatigar a tres secretarias durante varias noches seguidas; luego corregía cuidadosamente los borradores. "La imagen pública era crucial. Hitler seguía siendo, antes que nada, el propagandista por excelencia", concluye Kershaw.

Se ha exagerado la influencia de la propaganda nazi encabezada por Joseph Goebbels, que, por otro lado, no inventó nada. Hanna Arendt, en su estudio sobre el totalitarismo sostiene que "es un error habitual de nuestro tiempo imaginar que la propaganda puede lograrlo todo y que a un hombre puede convencérsele de todo con tal de que se le hable suficientemente alto y con suficiente habilidad." En cambio, la propaganda suele ser hija del poder y cuanta menos oposición tenga, más se sentirá a sus anchas. Goebbels lo percibió claramente: "Una vez que conquistemos el Gobierno […] Lo primero que habrá que realizar será una inconcebible oleada de propaganda."

En efecto, cuando una serie de episodios rocambolescos producidos entre 1932 y 1933 generan el nombramiento de Hitler como jefe de gobierno, la propaganda acompañará la terrible marcha de violencia que termina con el estado de derecho en Alemania. Goebbels sería el director de orquesta desde el "Ministerio de propaganda y educación popular"; este segundo y fundamental aspecto de la denominación suele omitirse.

La finalidad principal de su acción era convencer "a la población en general que resultaba más seguro ser miembro de una organización paramilitar nazi que un republicano leal", concluye Arendt y agrega: "La propaganda totalitaria puede atentar vergonzosamente contra el sentido común sólo donde el sentido común ha perdido su validez."

Es cierto que la palabra fue importante en esa maquinaria. A medida que Hitler se aislaba más y más en un encierro imperial que terminaría en el búnker de 1945, Goebbels asumía la tarea de los grandes discursos, publicó cientos de artículos en la prensa del régimen y la radio fue uno de sus instrumentos preferidos.

Goebbels sabía manejar este instrumento, a diferencia de Hitler que en un estudio de radio tendía a trabarse y embarullarse. Como el Führer debía pronunciar unos cincuenta discursos anuales por ese medio, Goebbels colocaba una cantidad de público entrenado, en el estudio destinado a proporcionar los necesarios aplausos y estímulos. También hizo instalar altavoces en las calles, mientras que un ejército de matones nazis se ocupaba de que se lo escuchase en fábricas y cervecerías.

Goebbels controló y operó la radio, el cine, el teatro, la literatura, la música y en general toda forma de espectáculo y entretenimiento a través de la Cámara de Cultura del Reich.

Sin embargo no debe olvidarse que los grandes golpes propagandísticos del nacionalsocialismo fueron demostraciones de violencia y poder orquestados por Goebbels: gigantescas puestas en escena de los eventos políticos o deportivos, tanto como manifestaciones "espontáneas" de violencia popular. Así, entre marzo y mayo de 1933 se llevaron a cabo las quemas de libros bajo la dirección de Goebbels, que las arengaba con las palabras de un militar y humanista alemán del siglo XVI, Ulrich von Hutten: "Oh, siglo, oh ciencias, ¡qué alegría estar vivo!". También la terrible violencia de la Kristallnacht (La noche de los cristales rotos) del 9 de noviembre de 1938, fue un episodio organizado por Goebbels.

Sin embargo cuando el régimen llegó a su apogeo, la propaganda dejó de ser un artículo de primera necesidad. Por si fuera poco Goebbels, tuvo problemas a consecuencia de sus amores con la actriz checa Lída Baroova. Su no menos fanática esposa, Magda, apeló a Hitler, quien obligó a su ministro a volver al redil de la "perfecta familia aria" que formaba con su esposa y sus seis hijos. Desde entonces Goebbels pasó a un segundo plano hasta que, luego de la derrota de Stalingrado (febrero de 1943), Hitler volvió a recibirlo en su seno y se convirtió en la voz del Führer. Goebbels no falseó los hechos y expuso con dramático énfasis la situación apelando a la guerra total hasta el último alemán.

En sus delirios hizo realizar una superproducción cinematográfica, Kolberg, que evocaba el heroico sitio sufrido por una pequeña ciudad alemana en tiempos napoleónicos. Goebbels y Hitler estaban convencidos de que esa película sería "más útil que una victoria militar", para levantar la moral del pueblo alemán. Utilizó a 187.000 soldados, retirados momentáneamente del servicio activo para hacer de extras. La película se estrenó cerca del fin, el 30 de enero de 1945 y no ocupa ningún lugar en la historia del cine.

En abril de 1945, mientras la mayoría de la figuras del nazismo trataban de salvar su pellejo, Goebbels y su familia se encerraron con Hitler en el Führerbunker, esperando el final.

¿Encontraste un error?

Reportar

Te puede interesar