Problema peligroso

El país que heredamos luego de la prosperidad económica de principios de siglo no da mucha esperanza. Escuchar hablar a cualquier político de un bando u otro es exasperante, dado que no se han resuelto muchos de los serios problemas que vemos cuando salimos a la calle, al menos en Montevideo. Quizá algún indicador que otro nos da bien, pero como escribió Oscar Wilde, solo las personas superficiales no juzgan por las apariencias. La respuesta al malestar de nuestra aparente decadencia ha sido el surgimiento de sentimientos favorables a la “antipolítica”, pero no creo que sea un rechazo de la política en términos generales que lleve a que a algunos les seduzca la figura de Bukele. No hay un rechazo profundo a la democracia ni necesariamente una amenaza para la gobernanza democrática, ya que la nuestra es una cultura en la que nos encanta juntarnos y hablar, así como adoramos las instituciones y las políticas públicas que salen del Estado. El problema está en la democracia representativa, y quizá sea el momento de pensar en cómo mejorarla.

Se pueden identificar dos grandes críticas a la democracia representativa que han señalado teóricos de la política como Weber, Michels o Sartori. Van por el lado de su oligarquización y su burocratización. En la medida que la democracia representativa requiere de la profesionalización de los representantes a través de partidos políticos, se forma una oligarquía dentro de las democracias; esto genera una distancia creciente entre los intereses de los profesionales de la política y sus representados.

La “ley de hierro de la oligarquía” de Robert Michels sostiene que todas las organizaciones complejas, por muy democráticos que sean sus ideales, inevitablemente acaban siendo gobernadas por una pequeña élite, porque la eficiencia organizativa y la concentración del liderazgo tienden a centralizar el poder. Por otro lado, la política también se reduce a una lucha de intereses y los partidos se transforman en agentes electorales, lo que lleva a una burocratización de la democracia representativa que la vacía de contenido.

Muchos países están atendiendo a estos vicios de la democracia representativa a través de la institucionalización de asambleas ciudadanas. Estas se basan en las antiguas prácticas atenienses en las que los gobiernos convocan a grupos de ciudadanos comunes, seleccionados por sorteo y que representan a la sociedad en su conjunto. Estos grupos deliberan, generan consenso y elaboran recomendaciones. La gente de a pie, de todos los niveles de la sociedad, puede así abordar los problemas políticos en su complejidad, escucharse mutuamente y encontrar puntos en común. Así también se crean condiciones para reducir la polarización, empatizar, fortalecer la cohesión social y la resiliencia democrática -algo muy necesario en un contexto en el que seduce la antipolítica.

En 2023, la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos documentó 733 casos de asambleas deliberativas basadas en sorteos en todo el mundo en lo que denominó como una “ola deliberativa”. La participación ciudadana se ha dado en forma de presupuestos participativos, iniciativas de colaboración ciudadana, o incluso procesos de mayor dimensión como el Gran Debate Nacional en Francia. En Irlanda, las asambleas ciudadanas son una práctica común a nivel nacional desde hace más de diez años.

El Frente Amplio ahora está llevando adelante otra vez la campaña para escuchar a la gente, y el Partido Nacional parece que va a responder con algo similar, lo cual parecería ser una iniciativa en este sentido. Sin embargo, dudo esto se salga de los vicios de la democracia representativa que describí arriba. Quizá sea demasiado cínico, pero la veo improbable que esto tenga impacto en el sistema político, porque los sistemas tienen un código de funcionamiento interno autopoiético, es decir, una lógica interna de autoreferencialidad y reproducción operativa. Se hace la pantomima y todo sigue igual.

Si bien tienen limitaciones, las asambleas ciudadanas han demostrado contribuir a la resolución de problemas de la vida en común alrededor del mundo, y podrían ser algo a seguir explorando para mejorar la democracia y la política en nuestro país. Como demuestran los partidos con sus iniciativas de escucha, hay interés en que la gente participe. Quizá lo mejor sea buscar el canal adecuado para que esto tenga impacto y sea vinculante. Hoy en día hay un apoyo teórico y evidencia empírica internacional, así como know how para llevar adelante innovaciones democráticas como las asambleas ciudadanas frente a un panorama social en nuestro país nada auspicioso, donde parece que las fracturas se agudizan, y las etiquetas de izquierda, derecha o centro se han demostrado inútiles.

¿Encontraste un error?

Reportar

Temas relacionados

premium

Te puede interesar