En la última década ha tomado creciente importancia el término inglés "governance". Con raíces antiguas, fue revivido, primero, por las Naciones Unidas y diferentes organismos internacionales. De allí está pasando al discurso político en el seno de los diferentes países. En la actualidad se lo emplea ampliamente. Aunque no en todos los casos con el mismo sentido. Si diferentes autores y organizaciones le adjudican diferentes contenidos al mismo término en inglés, son de imaginar las dificultades con que tropiezan las demás lenguas.
El término posiblemente fue utilizado por primera vez en Francia (gouvernance), en el siglo XIII. De allí pasó a España (gobernanza) y a Inglaterra (governance). En los tres casos tuvo el sentido de gobierno. Luego cayó en desuso. Así, la edición del Diccionario de la Real Academia publicada en 1992, incluye solamente la acepción clásica de "acción y efecto de gobernar o gobernarse". Sin embargo, actualmente, la Real Academia reconoce dos acepciones. Una de ellas es la transcripta, la otra, la nueva, es "arte o manera de gobernar que se propone como objetivo el logro de un desarrollo económico, social e institucional duradero, promoviendo un sano equilibrio entre el Estado, la sociedad civil y el mercado de la economía". Con notable rapidez, la Real Academia ha sabido incorporar una nueva acepción que refleja el concepto que ha tomado forma en las últimas dos décadas.
En inglés, "governance" tiene un sentido diferente a los términos "government" (gobierno) o "governability" (gobernabilidad). El término comenzó a ser utilizado por economistas norteamericanos a mediados de la década de 1980. Las Naciones Unidas lo recibió en 1979. Hoy en día gobernanza es utilizado con gran amplitud.
La nueva definición incorporada por la Real Academia tiene el enorme mérito de resolver la discusión que se había planteado entre los especialistas en terminología y los traductores sobre cual sería el equivalente preciso en castellano del ambiguo "governance" inglés. Pero, además, lo hecho es un aporte para poner en la agenda política el estudio de un tema de enorme importancia para asegurar el funcionamiento eficiente y justo del sistema democrático.
El término inglés "governance" abarca mucho más que el concepto de gobierno. Por una parte, se refiere a la forma en que las autoridades políticas ejercen sus funciones económicas, políticas y administrativas en el seno de una sociedad (lo que quedaría incluido, hasta cierto punto, en el concepto de gobierno). Por la otra, engloba los mecanismos, procesos e instituciones en el seno de cada sociedad que sirven para articular los intereses de los ciudadanos y grupos sociales, ejercer sus derechos, cumplir con sus obligaciones y resolver sus diferencias. Ambas facetas se encuentran estrechamente vinculadas entre sí porque, para que un gobierno pueda ejercer eficazmente sus funciones, deberá contar con el apoyo y buena voluntad de la sociedad. Mientras que el concepto de gobierno supone una relación en una sola dirección, entre gobernantes y gobernados, la noción de gobernanza reconoce que el proceso de gobernar debe ser en las dos direcciones y abarcar una red política, económica y social mucho más rica y compleja.
El Banco Mundial ha definido a la "buena gobernanza" como el enfoque que engloba procesos de definición de políticas predecibles, abiertas y esclarecidas (esto es, procedimientos transparentes); una burocracia imbuida de una ética profesional; un Poder Ejecutivo responsable por sus acciones; y una sociedad civil fuerte que participa en los asuntos públicos; y todos acatando la norma jurídica.
En nuestro país tenemos un gobierno (quizás demasiado de él), se habla mucho de gobernabilidad, pero cabe preguntarse si hemos avanzado lo suficiente en la gobernanza. Y este no es un tema menor.