Otra perla

A partir de 1940, el 26 de mayo se celebra en nuestro país el Día Nacional del Libro. La fecha también conmemora la inauguración de la Biblioteca Nacional, en 1816. La humilde biblioteca estaba instalada en la sede del antiguo Fuerte que había servido de residencia a los gobernadores españoles. La apertura formó parte de las Fiestas Mayas, en homenaje a los acontecimientos del 25 de mayo de 1810, en Buenos Aires.

En la oración inaugural de la biblioteca, Dámaso Antonio Larrañaga, impulsor del proyecto, la definió como “un domicilio o ilustre asamblea en que reúnen, como de asiento, todos los más sublimes ingenios del orbe literario, o por mejor decir, el foco en que se reconcentran todas las luces más brillantes, que se han esparcido por los sabios de todos los países y de todos los tiempos”. Sería una institución abierta, afirmó Larrañaga: “Toda clase de personas tiene un derecho y tiene una libertad de poseer todas las ciencias por nobles que sean. Todos podrán tener acceso a este depósito augusto de ellas”. También destacó que el Jefe de los Orientales, “que tan dignamente nos dirige”, “lejos de temer las luces” del conocimiento disponible en la nueva biblioteca, las ponía de manifiesto y deseaba su publicidad. Así lo prueba que el santo y seña de los centinelas del ejército en Purificación para el día 30 de mayo: haya sido: “Sean los orientales tan ilustrados como valientes”.

En la Biblioteca Nacional convergen dos facetas. Además de sus funciones propias fundamentales, los Estados cultos consideran que sus bibliotecas nacionales son instituciones de enorme importancia cultural y social y elementos clave de su prestigio nacional e internacional. A ello se suma, en el caso uruguayo, la particular historia de la institución y su estrecho vínculo con la cristalización de un Estado independiente y una sociedad democrática.

Todo sugiere, entonces, que el mantenimiento, actualización y desarrollo de la Biblioteca Nacional debería ser uno de los ítems principales en la agenda de largo plazo de la sociedad civil y el Estado. No siempre ha sido así. Por décadas, los sucesivos directores y funcionarios del instituto han debido enfrentar toda clase de desafíos, esforzándose por conseguir lo máximo posible a partir de los magros presupuestos que les suministra el Estado. Pero la biblioteca siguió funcionando.

El año pasado, la nueva administración llevó las cosas a otro nivel. El Día del Libro y cuando se conmemoraban los 250 años de la fundación de la Biblioteca Nacional, tuvo la brillante idea de anunciar su cierre al público.

Ahora han conseguido batir ese récord.

Hace unos días, al celebrarse el Día del Libro con la presencia de ministros, el director de OPP, y la dirección de la institución, se presentó el esperado Plan para la Biblioteca Nacional del Futuro. Se informó que el proyecto requerirá una inversión de veinte millones de dólares en total, incluso treinta “en casos de imprevistos”.

Lamentablemente, pocas horas después, el gobierno se apuró a aclarar que había habido “un error de comunicación” y que el plan integral no comenzará “este año ni el que viene” porque no está previsto ningún gasto en torno de esa suma en la Rendición de Cuentas.

Como te digo una cosa, te digo la otra.

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