Omar López Mato
Omar López Mato
Historiador, médico y escritor, autor del sitio Historia Hoy

El combate del Buceo

El 14 de mayo de 1814 una flota improvisada al mando de un marino irlandés, de poca experiencia en combate, atacó a la flota española a la vista de la ciudad de Montevideo.

A lo largo de 48 horas de combate el pueblo presenció el curso de este enfrentamiento que concluyó con la victoria de los patriotas.

La fidelísima Montevideo estaba sitiada desde hacia dos años por las tropas criollas de Artigas y Rondeau, pero la posibilidad de aproximarse por el río hacía muy difícil su caída. Era indispensable el bloqueo del puerto y la destrucción de las naves realistas para poder tomar la ciudad. El tema urgía porque se corrían rumores que desde España partiría una expedición armada para castigar a los revoltosos porteños.

El jefe de la flota hispana de Montevideo era un marino de larga trayectoria. El capitán Miguel de la Sierra había sido uno de los pocos oficiales que se salvó del desastre de “La Medea”, nave española hundida en un artero ataque de los británicos frente al Cabo de Santa María.

Testigo de ese atroz ataque había sido un muy joven Carlos María de Alvear, quien vio morir a su familia (hecha la excepción de su padre, Diego de Alvear y Ponce de León) y terminó cautivo de los ingleses. Diez años más tarde, Carlos María era parte del ejército que amenazaba Montevideo desde tierra (después de este combate asumiría el mando de las fuerzas sitiadoras).

Para protegerse de la flota porteña de Miguel de la Sierra, envió a su mejor comandante, Jacinto de Romarate, a reforzar las defensas de la isla Martín García.

El jefe de la flota de Buenos Aires, Guillermo Brown, también era hombre de mar, quien al quedar huérfano a temprana edad comenzó su carrera como grumete adquiriendo una notable experiencia naval pero casi siempre dedicado al comercio (hecha la excepción cuando fue obligado a incorporarse a una nave inglesa que fue capturada por naves de Francia donde estuvo preso). Por esta actividad llegó en 1809 al Río de la Plata a tiempo para presenciar los eventos de mayo de 1810. Desde entonces había prestado servicios a la causa porteña en naves de escaso calado. Esta actividad le había permitido conocer los secretos de un río que llamaban de la Plata (aunque los ingleses lo llamaran River Plate -Plato de Río-, por su escasa profundidad que traicionaba al más experto de los navegantes).

El bautismo de fuego de Brown como comandante de la flota porteña fue el 11 de marzo de 1814, cuando contaba con 37 años, y tuvo lugar frente a la isla Martín García, protegida por Romarate..

Su victoria sobre los españoles lo entusiasmó para encarar la conquista de Montevideo. A tal fin enarboló la insignia capitana en la fragata “Hércules” y se puso al frente de otras 7 naves (cuyos capitanes eran casi todos ingleses hecha la excepción de Antonio Lamarca), armadas con 147 cañones y tripuladas por 1400 hombres, mientras los españoles le salieron al encuentro con 11 buques con 155 cañones y con 1.200 hombres a bordo con muy escasa experiencia marinera (como había pasado en Las Piedras, las autoridades realistas debieron liberar presos, vagos y malentretenidos para incorporarlos a las tripulaciones a falta de personal idóneo).

El comienzo del enfrentamiento le fue adverso a la flota porteña que debió retirarse hacia el este, hacia el Buceo, para alejarse del fuego de los cañones de la fortaleza de Montevideo. Tampoco Brown tuvo suerte ese día porque el retroceso de un cañón le quebró una pierna debiendo dirigir la lucha desde una camilla (la fractura soldó en forma defectuosa y la pierna de Brown quedó más corta, razón por la cual rengueó toda su vida).

El 17 de mayo la corbeta española “Mercurio” entró al puerto montevideano perseguida por la nave del capitán Brown.

Sierra, al frente del queche “Hiena”, se dirigió hacia el “Hércules” decidido a córtale la retirada cuando, en forma imprevista, decide abandonar el orden de batalla, circunstancia que Brown aprovechó, ante el desconcierto de los demás oficiales españoles y logró poner fuera de combate a la mayor parte de las naves realistas.

En la corte marcial que se le siguió a todos los oficiales españoles, por esta espectacular derrota, argumentaron no haber entendido las señales de insignia, justificada esta torpeza por la falta de personal capacitado y con experiencia en estas lides…

La batalla culminó con 500 españoles prisioneros, 2 barcos quemados y 3 capturados.

Apenas un mes más tarde, estando Montevideo impedida de abastecerse, la ciudad caía en manos de las tropas porteñas y orientales... pero esa es otra no tan gloriosa historia que tendrá como actor principal al general Alvear, por entonces espectador de la épica victoria de Brown.

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