JUAN ORIBE STEMMER
El término "bichicome" no se refiere a un señor que come bichos, empujado a ello por la miseria, sino que deriva de la palabra inglesa "beachcomber": el que "peina" o "rastrilla" la playa, a la búsqueda de caracoles u otros objetos. El término se utiliza tanto para los vagabundos de playa como para los veraneantes y otras personas que han hecho de esa actividad un pasatiempo o, incluso, los científicos que recorren la costa estudiando las diferentes especies que la habitan o los objetos que depositan las aguas.
En los últimos tiempos, el "beachcombing" se ha transformado en una interesante fuente de información sobre la dinámica y la contaminación de los océanos.
Uno de los descubrimientos más sensacionales hechos por "beachcombers" fueron varios paquetes del tamaño de una valija y envueltos en varias capas de plástico impermeable, hallados en la costa sudoeste y oeste de la Gran Bretaña. Todos parecían haber estado flotando en el mar por algún tiempo y en la parte exterior de las envolturas se encontraron trazas de caracolillos propios de aguas más cálidas, como las del Caribe. Lo que recuerda la comedia clásica del cine inglés, "Whisky galore", de 1949. Aunque, en este caso, la situación es mucho menos divertida: cada uno de los paquetes contenía cocaína pura que puede llegar a valer alrededor de un millón de dólares al menudeo.
Se piensa que los paquetes formaban parte del cargamento de alguna embarcación de organizaciones del narcotráfico, cuya tripulación no tuvo otra opción que arrojarlos por la borda, cuando se encontraron perseguidos por guardacostas de los Estados Unidos o de la Gran Bretaña. Luego, los paquetes fueron transportados por las corrientes hasta la costa británica sobre el océano Atlántico.
Otro "marcador" son los restos de un cargamento de juguetes de plástico, de los que flotan en las bañeras, que cayeron al océano Pacífico en enero de 1992. Los juguetes, que estaban en tres contenedores a bordo de un buque que los transportaba de Hong Kong a los Estados Unidos, cayeron al mar durante una tormenta. De alguna forma, parte de su carga se esparció en las aguas donde patitos, tortugas y ranas multicolores, derivaron por años arrastrados por las corrientes y vientos dominantes.
Desde entonces, "beach-combers" en diferentes lugares del planeta han rescatado una cantidad de aquellos juguetes, lo que ha hecho posible determinar la manera en que la pequeña flotilla de plástico se ha trasladado en el océano. Dos tercios de los juguetes habrían derivado hacia el Pacífico Sur; se han encontrado algunos en playas de Indonesia, Australia y América. Otros fueron atrapados por las corrientes del Pacífico Norte que los arrastraron hasta el Japón e incluso hasta el estrecho de Bering. En el año 2000, ocho años después del accidente, los primeros patitos fueron encontrados en el Atlántico Norte.
El inesperado experimento oceanográfico aporta conocimientos útiles acerca de la dinámica de las corrientes marinas y de la unidad esencial de los océanos.
También ha demostrado la enorme durabilidad de los objetos de plástico en el mar. De acuerdo al Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente, los desechos de plástico, cada año matan más de un millón de aves marinas y más de 100.000 mamíferos marinos. Quien recorra nuestras playas inmediatamente se dará cuenta de que los uruguayos también hacemos nuestro aporte a esa matanza.