Nunca fui izquierdista

El título no es una expresión mía personal. Creo en los conceptos filosóficos y la conducta de las personas, antes que en membretes. Pertenece al político brasileño Lula da Silva dijo: “Yo nunca fui un izquierdista; fui un dirigente sindical” y agregó que el mundo no es de izquierda sino “del camino del medio”. También recordó su simpatía por los sindicatos alemanes, italianos y españoles y destacó su estrecha relación con el sindicalismo alemán, que históricamente ha estado muy ligado al Partido Socialdemócrata de Alemania (SPD).

Además, desde hace años Lula y muchos de sus colaboradores prefieren definirse como socialdemócratas o reformistas, más que como socialistas revolucionarios.

Es comprensible que el personaje y sus correligionarios traten de acomodar el cuerpo. Los conceptos de izquierda y derecha nacieron en el marco de la revolución francesa, a comienzos del siglo XVIII, cuando en una asamblea nacional quienes simpatizaban con el rey y la nobleza se ubicaban a la derecha del escenario, mientras que quienes promovían cambios que incluían a la facultad del pueblo para tomar decisiones políticas lo hacían a la izquierda. A los últimos se les asociaba a la idea de la Libertad. Curiosamente ahora a las tiranías más execrables asentadas en el comunismo, el socialismo y en estatismos exacerbados de las más diversa laya, se les sigue considerando “izquierda”, en el trato literario. Mientras que a los países con institucionalidad libre y a movimientos democráticos en relación con temas de gobierno, economía y sociedad, se les refiere como “la derecha”.

Hace poco una delegación de todo el Frente Amplio que actúa en el país fue a la isla de Cuba a abrazarse y apoyar a la tiranía de la familia Castro y la oligarquía militar que le sostiene en el poder en base a la feroz represión de un pueblo esclavizado y hambreado, que lleva 67 años de sumisión. Y fueron Lula con Fidel Castro, quienes promovieron el Foro de San Pablo, para remediar en Latinoamérica la dificultad que generaba el desplome de la Rusia comunista en 1990. El Foro ha tenido incidencia catastrófica para los pueblos sudamericanos -Chávez y Maduro incluidos- y la “izquierda” que opera en la vida de nuestro república ha sido absolutamente obsecuente con esa orientación.

Las tiranías socialistas con excepciones -caso de Corea del Norte y Cuba- han venido cambiando la pisada en la era contemporánea. Así ocurre con Vietnam y espectacularmente con China continental. En el último caso fue gravitante la presencia de Deng Xiaoping, influyente dirigente político, para impulsar las reformas económicas iniciadas a fines de la década de 1970. Tuvo dos expresiones de evocación reiterada. Una reza: “Enriquecerse es glorioso”. La otra expresa que: “No importa si un gato es blanco o negro; mientras cace ratones es un buen gato”. La instalación de una política de libre empresa y el respeto de la propiedad privada, impulsó en China una mejor calidad de vida para cientos de millones de persona y alentó un progreso científico y tecnológico notorio.

Por acá, en medio de un desgobierno alarmante, a contramano de la historia, avanza un control de las personas y sus bienes cada día mayor, y un ¡viva la Pepa! a la inseguridad pública, el aumento de impuestos, la obesidad burocrática y el libertinaje sindical.

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