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Nuevo mundo

El ultimátum presentado por los Estados Unidos a Irak, y el inicio de las acciones militares contra este país, constituyen una acción unilateral que configura una violación de la Carta de las Naciones Unidas. Arribar a esta conclusión no significa apoyar a la dictadura de Sadam Husein, ni olvidar su contumaz incumplimiento de un rosario de Resoluciones del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas. Sin embargo, comprender o estar de acuerdo con los fines declarados de las acciones emprendidas por Washington (especialmente el objetivo de privar a Irak de sus armamentos de destrucción masiva o establecer un régimen democrático), no significa aprobar los métodos empleados. Por el contrario, el instrumento para alcanzar esos propósitos supone una grave violación del derecho internacional que puede llegar a causar un daño incalculable al orden jurídico internacional.

Hasta ahora, el sistema de las relaciones internacionales se funda en los principios, normas e instituciones de la Carta de las Naciones Unidas. Este marco jurídico reconoce la posibilidad de que, en determinadas circunstancias, los Estados recurran al empleo de la fuerza. Sin embargo, estas acciones deben ser ejercidas de acuerdo al derecho internacional.

No es ninguna coincidencia que el primer propósito de la organización mundial sea mantener la paz y la seguridad internacionales. Con tal fin, los países miembros acordaron aplicar los instrumentos necesarios. Estos incluyen a los requeridos para conseguir "por medios pacíficos, y de conformidad con los principios de la justicia y del derecho internacional, el ajuste o arreglo de controversias o situaciones internacionales susceptibles de conducir a quebrantamientos de la paz".

Las generaciones que presenciaron el fracaso de la Liga de las Naciones, Munich, la Segunda Guerra Mundial (con sus momentos críticos como Dunquerque, Pearl Harbor, El Alamein, Stalingrado y muchos otros, donde se jugó el destino de nuestra civilización) y los campos de concentración, comprendían perfectamente que la seguridad es la base de la paz internacional y que para conseguir aquella seguridad, dentro del marco de las Naciones Unidas, a veces sería inevitable recurrir a la fuerza. No habitamos un mundo perfecto, y el adagio latino "Si vis pacem, para bellum", "si quieres la paz, prepárate para la guerra", conserva toda su validez.

Pero, el derecho a emplear la fuerza se encuentra regulado en la propia Carta de las Naciones Unidas. El principio fundamental es que los países miembros la organización "se abstendrán de recurrir a la amenaza o al uso de la fuerza contra la integridad territorial o la independencia política de cualquier Estado". La excepción más importante es el derecho inmanente de legítima defensa. Ese derecho, sin embargo, está limitado en dos respectos. Primero, el derecho debe ejercerse en respuesta a un ataque armado de un país contra otro; y, segundo, las acciones del Estado agredido continuarán "hasta que el Consejo de Seguridad haya tomado las medidas necesarias para mantener la paz y la seguridad internacionales".

Pero, ¿Irak ha lanzado un ataque armado contra los Estados Unidos o el Reino Unido? La respuesta es NO. ¿Existe una Resolución del Consejo de Seguridad autorizando el empleo de la fuerza? NO existe. Y aquí se encuentra el elemento crítico que, de cristalizarse, puede conducir a un cambio cualitativo esencial en el régimen internacional.

Los Estados Unidos proponen ahora una nueva doctrina de legítima defensa preventiva que, prácticamente, no tiene ningún límite, excepto el que esa superpotencia se establezca a sí misma. En un escenario internacional donde el derecho internacional se genera a través del mecanismo del precedente y del ejemplo internacional, este nuevo concepto no traerá consigo un mundo más seguro. Por el contrario; significa un retroceso en las reglas de convivencia internacional que acentuará aún más la inseguridad internacional. Para todos, incluyendo para los Estados Unidos.

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